Vacío

DramaHumorRomántico

Mientras lloraba, removía lentamente el cucharón de madera en el caldero. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas tratando en vano de sacar el dolor que sentía. Sus sueños acababan de desvanecerse minutos antes, cuando un te quiero se clavó en sus oídos.

Observaba vacía aquella olla roja que su madre compró como parte de su ajuar, como era tradición. Como era tradición también desposarse con el hombre que la había acompañado hasta entonces. Debía estar feliz, sentirse la princesa del romántico cuento, pero aquella declaración no hizo más que romperla en mil pedazos. Ella deseaba no ser la destinataria de ese amor que le ofrecían.

La cebolla y el pimiento verde estaban pochados y empezaban a coger un tono dorado. Añadió un poco de salsa de tomate y la carne de media docena de pimientos choriceros que, previamente, había puesto en remojo para poder quitarles la piel.

Quitarse la piel, esa piel que pedía a gritos calor, eso es lo que deseaba. Se dio cuenta de que nunca sería quien recibiera el cobijo de aquellos brazos, pues ya estaba destinada a otros.

Una lágrima cayó en la salsa rojiza que hervía formando borbotones para después estallar soltando aire e inundándolo todo con su suculenta fragancia. Volcó el bol lleno de patatas troceadas dentro de aquel colorido mejunje y volvió a remover lentamente. Las fuerzas flaqueaban para trasmitir más vigor a la receta.

Le hubiera gustado que la odiara, sí, que no pudiera verla, que jurara maldiciones por su estampa; en cambio, él prefirió confundirla con frases de amante necesitado y condenado a la soledad.

No supo decir que no, ¿cómo podría herirlo de esa manera? Aunque eso supusiera enterrar toda esperanza de una nueva vida con quién le arañaba las entrañas tratando de hacer que entendiera que era la única pieza que completaría su puzzle.

Canción de amor de la luna nueva - Paul Klee (1939)Cogió con el cazo el caldo de pescado que tenía reservado en otro fogón y fue regando con delicadeza las patatas. Después abrió una botella de txakoli. Se la acercó cerrando los ojos, la olfateó minuciosamente y procedió a refrescar su garganta. El gusto era seco y áspero, nada que ver con la sensación de saborearlo a unos grados menos de temperatura. Añadió un chorro generoso al guiso y, tras ponerle el corcho, lo guardó en la nevera.

El vino comenzó a evaporarse en su cabeza haciendo que recordara conversaciones de comienzos de algo.

Una sonrisa asomó en sus labios.

Tapó la olla y bajó el fuego.

Se sentó en una de las sillas que rodeaba la mesa y entonces recordó aquel sueño en el que ella y él… Frunció el ceño.

—Era sólo un maldito sueño, nunca pasará —se dijo irritada.

—Nunca estarás aquí.

Las lágrimas volvieron a asomar.

El guiso comenzó a hervir y a envolver el ambiente con su vapor. Se levantó y añadió más caldo para evitar que se resecara demasiado.

Resecas estaban su boca, sus tripas, sus ganas.

Cogió la rodaja de bonito. Le quitó la piel, y desprendió la carne de la gruesa espina en forma de cruz que portaba en el centro. Hizo dados del tamaño de la yema de un dedo y los aderezó con sal y pimienta. Echó el pescado sobre las patatas. Tapó la olla y agarrándola con firmeza por las asas, la agitó varias veces para revolver el interior. Apagó la cocina y dejó reposar el marmitako.

Había terminado, pero se quedó un rato inmóvil mirando el fuego apagado como si sintiera que aquel hombre con su alianza hubiera apagado el suyo.

Agachó la cabeza y se agarró a la encimera. Fue entonces cuando volvió una vez más a sentir unos brazos enredarse en su cuerpo. Un susurro.

—Ya estoy aquí.

Cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación de serenidad que le trasmitía el calor de ese cuerpo. Puso sus brazos sobre los de él y agarró fuerte sus manos.

—Llévame contigo.

Se giró y abrió los ojos. Mirándole, deslizó las manos por su cara. ¿Se podía ser más feliz?

Un sonido estridente le asustó haciéndole temblar.

—¡Oh Dios, otra vez soñando! —Gritó resignada.

Se dirigió al teléfono. Su madre le daba la enhorabuena por la futura boda.

El plato quedó soso.

—Se me olvidó la sal. ¿En qué estaría pensando?

María Prieto

 

Etiquetas: Humor, Drama, Romántico

Imprimir

Compartir

6 comentarios en “Vacío”

  1. Domingo, 17 Enero 2021 19:22

    Precioso María. 

    Sigue así,, haznos disfrutad

     

    1. Domingo, 17 Enero 2021 20:24

      Muchísimas gracias Marisol por pasar, leer y opinar.

      Un abrazo!

  2. Sábado, 16 Enero 2021 01:28

    El amor muchas veces nos hace cometer errores. de lo que no tengo dudas es de que los errores los debe cometer uno/a para con uno/a misma. Los de afuera debieran ser de palo. Toda comida con amor entregado genuinamente sale mucho mejor. Muy bueno tu relato.

     

    1. Sábado, 16 Enero 2021 22:46

      Gracias Hernán por leer y comentar.

      Entorno a la cocina giran muchas horas de nuestras vidas y por lo tanto muchas historias. Ha sido y será inspiración de grandes relatos.

      Gracias por considerar el mío un buen relato.

      Saludos!!

  3. Viernes, 15 Enero 2021 21:43

    Muy buen paseíto que me he llevado por la cocina, el guiso, la resignación y el recuerdo por lo que no pudo ser. El remate estuvo de lujo. ¿En que estaría pensando?

    1. Sábado, 16 Enero 2021 22:41

      Gracias Pablo por leer y comentar. 

      A veces se nos va la cabeza al cielo y no sabemos lo que estamos haciendo.

      Saludos!!

Deje su comentario

En respuesta a Some User
¿Aún no tiene cuenta? ¡Regístrese ahora!

Ingresar