Tonto

DramaHumor

Siempre fui tonto, torpe e ignorante. Intenté ser intelectual y me encontré con que el único impedimento que se interpuso con mi propósito fue no ver nunca ningún capítulo de “Los Simpsons”. Estaba muy preocupado. Necesitaba ocupar lo que me quedaba de intelecto en temas profundos y complejos. No dar la talla fue bastante frustrante.

Siempre me carcomió la envidia cuando escuchaba que la gente se quejaba de problemas y traumas robados a otra gente que también supo ser culpable del mismo canallesco comportamiento. Era portador de ese defecto que antaño llamaban «honestidad» y era muy mal actor. Intenté ser depresivo, pero la sonrisa me delataba; probé con ser feliz en exceso, y mis ojos demostraban la desilusión. No llegué a consumar un trauma que me permitiera (¡maldito pluscuamperfecto!) justificar mi existencia como ser social.

20 RodolfoEntonces reconocí mi derrota y fui al hospital. Luego de que me quitaran un poco del fluido mágico de la vida, me recetaron reposo, frutas y paz, quizás no en ese orden.

Interpreté fumar marihuana y comer aceitunas acostado en la arena, pero como no tuve fuerzas para subir arena a la terraza, la derramé en el patio y me quedó más cerca de la ducha. A pesar de que no me dieron mi diagnóstico.

Por suerte vino la quimioterapia y pude replantearme tantas cosas, como esa vez en la que me declararon inocente y en verdad fui culpable, o viceversa: le di tantas vueltas a esa historia, que siempre recuerdo el incidente de una forma distinta. Entre las náuseas y la piel verde, no distingo si la víctima tuvo su absolución o su condena. Pero la sensación de cargar combustible en las venas es una verdadera experiencia religiosa.

Después llegó la morfina y cuando su efecto comenzaba a recorrer mis sentidos, el papa quería obligarme a confesar mis pecados para que me fuera en paz, como si pudiera ser posible mirar veinticinco temporadas en un segundo. Por suerte los tres chiflados me acompañaban y mediante un proceso de hipnosis lo transformaron en un arlequín para que nos entretenga mientras esperábamos el fatal desenlace entre cómplices carcajadas.

Tuve unos segundos eternos de inspiración en los que descifré sin mayor esfuerzo los más complejos enigmas de la historia de la humanidad. El número «Pi» se me apareció y en cada factor encontraba una explicación para otro fenómeno: el sabor del arroz con leche con canela; la cantidad exacta de estrellas en el firmamento; la suma de lágrimas derramadas elevada a la potencia de poetas por kilómetro cuadrado (restándole las falsas a las verdaderas) y su relación con las rimas por estrofa… Percibí las más inesperadas sensaciones; el aroma de las sirenas indigestadas que descansaban en los arrecifes de coral y sus flatulencias vibrantes como un saxo barítono desafinado por una escama atravesada.

Por primera vez en mi vida me sentí orgulloso de mi sencilla complejidad, aunque mis pellejos colgaran dejando mis huesos casi desvestidos, y hubiera perdido mi dignidad intentando embocar el chorro en el famoso papagayo, fracasando en cada gota.

En pocos días, la injusticia se presentó muy descarada ante mí:

―¡Está curado! ¡Es un milagro! ―sentenció el muy imprudente hombre de blanco.

Intenté llevarlo a mi nivel de luminosidad, hacerlo entrar en razón; me quité la máscara que me proporcionaba el oxígeno como si necesitara un último suspiro y le expliqué:

―Llevo años tratando de tener un razonamiento humano, por favor no me venga con cosas del diablo.

En seguida me dieron el «alta» y descubrí que mi proceso fue mejor que lucir con orgullo un collar de sandías. No viene al caso explicar lo que siguió.

 

Rodolfo González

 

Etiquetas: Humor, Drama

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6 comentarios en “Tonto”

  1. Viernes, 08 Octubre 2021 03:56

    Muy bueno y entretenido el cuento, humor inteligente, te lleva de un tirón hasta el final. Fue placentero leerte.

    Saludos

    1. Viernes, 08 Octubre 2021 14:08

      Muchas gracias, Hilda. Siempre es un halago que haya lectores que entiendan el humor. Espero que nos encontremos en otra lectura. Saludos!

  2. Viernes, 17 Septiembre 2021 03:09

    Un buen cuento lleno de humor cerebral. Creo, Rodolfo, que mereces una segunda invitación sólo por tu comentario: "... es un orgullo compartir esto con Quiroga, Poe y otros grandes...", magnífico punto de vista.

     

    1. Viernes, 17 Septiembre 2021 12:08

      Estimado Fernando: Ha sido una sorpresa la invitación. Sí hubiese sabido que compartiría esto con Tolstoi, Maupassant, Quiroga, Poe y tan buenos autores contemporáneos hubiese ido al olimpo a buscar a las musas para escribir algo como ellos, mientras tanto... (no le digamos a nadie) sigo tratando de escribir (hágase el distraído) algunas cosas divertidas (los de Cuentos en red no se dieron cuenta) como para llegar a ser un prolífico autor (me parece que la segunda invitación será una patada por el traste) y merecer esa segunda oportunidad. Saludos, Fernando!

  3. Miércoles, 15 Septiembre 2021 17:19

    Un relato original y entretenido. Felicidades

    1. Jueves, 16 Septiembre 2021 12:35

      Muy amable, profesor... es un orgullo compartir esto con Quiroga, Poe y otros grandes que aparecen en este número. Se puede decir que es un sueño hecho realidad, y se lo agradezco a los editores del equipo Cuentos en red. Un abrazo

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