Reflexiones

Drama
Reflexiones

Salió molesto de la casa. Haló la puerta con todas sus fuerzas, intentando drenar a través del impacto que produjo al cerrarse, parte de su rabia. Se detuvo un instante tratando de pensar:

“¡Qué capricho! ¡Dejarme ahora! Jamás pensé que podía salirme con esa ridiculez después de lo que hemos vivido juntos. Nuestra relación no tenía por que terminar así... nunca entenderé a las mujeres, siempre pidiendo explicaciones y poniendo peros. ¡Bah! Se enrollan por cada tontería... ¡Pues que se pudra, ella se lo perdió!”

Terminó de arreglarse la corbata, alisó el costoso traje que portaba, y luego de alcanzar la calle se encaminó hacia la avenida principal. Continuó pensando:

“Lo cierto es que ahora no me siento bien. Pienso que a veces exagero las cosas y después experimento un sentimiento de culpabilidad que me pone el cuerpo malo. Sí... sí; es posible que mi actitud haya sido un tanto egoísta ¡Qué le vamos a hacer!”

vanGogh the church at auvers 1890A medida que avanzaba por la acera, el torbellino de pensamientos que agitaban su cabeza se acercaba al caos:

“Aunque la actitud de Rosario fue demasiado agresiva, he debido tener un poco más de paciencia y oír sus argumentos. ¡Pero es que soy tan inflexible! Además, no me iba a quedar parado como un estúpido a oírle los gritos y tampoco estaba dispuesto a cambiar mi decisión así como así… solo por complacerla. ¡Bueno!; si soy sincero conmigo mismo, creo que he actuado mal; tendré que confesarme otra vez, pues de lo contrario ...”

—¡Taxi! ¡Taxi!... —gritó, al tiempo que estiraba ambos brazos y gesticulaba con las manos para llamar la atención del conductor de un vehículo libre de pasajeros, que estuvo a punto de dejar pasar de largo por estar inmerso en sus reflexiones.

—A la Iglesia de Nuestra Señora, por favor —dijo al chofer, después de entrar en el auto y acomodarse en el asiento trasero.

Cerró los ojos y se sumergió nuevamente en sus cavilaciones mientras cubrían el trayecto hasta el templo.

—Llegamos señor —le dijo el chofer al estacionarse frente a la basílica.

Bajó del carro y se dirigió a la enorme construcción. Subió las escalinatas que conducían a la puerta principal y caminó lentamente por el pasillo central hasta llegar al final, muy cerca del Altar Mayor.

—¿Cómo está señora, todo bien? —dijo con voz huidiza, dirigiéndose a la persona que se encontraba de pie en ese lugar.

—¡Hola, hijo. Qué bueno que ya estás aquí! —exclamó la mujer, mostrando una gran sonrisa—. Carolina llegará pronto; acabamos de hablar con ella. Lamentamos mucho que tu familia no haya podido venir; nos hubiera encantado conocerla. ¡Todo está quedando tan bello! ¡Estamos tan felices de que se casen!

Como respuesta, la madre de la novia recibió una ausente sonrisa de aquel que dentro de pocos instantes se convertiría en su yerno.

Minutos más tarde, mientras su mente revivía los momentos en que se vio obligado a tomar una almohada y presionarla contra el rostro de Rosario para truncar la alharaca que había iniciado cuando le notificó lo de su matrimonio con Carolina, pudo ver que esta hacía su entrada en la Iglesia, ataviada con un precioso traje blanco de larga cola.

 

Luís Gutiérrez G.

Etiquetas: Luis, Drama

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2 comentarios en “Reflexiones”

  1. Lunes, 25 Octubre 2021 09:07

    ¡Pobre Carolina! ¡No sabe dónde se está metiendo!... Un relato ágil y directo, como acostumbras, Luis. Un abrazo, Lourdes.

    1. Lunes, 25 Octubre 2021 19:22

      Hola Lourdes. Agradecido por tu lectura y por tu comentario. Un saludo cordial. 

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