Logo

¿Que vlo-ve?

SurrealismoHumorFilosóficoFantástico
¿Que vlo-ve?
 

La guitarra de ¿Que vlo-ve? tenía un algo de ese viento que siempre gime en las Ardenas de Bélgica…

¿Que vlo-ve? era la divinidad de ese bosque en que erraba Genoveva de Brabante, desde los bordes del Mosa hasta el Rin, por el Eifel volcánico hasta los mares que son las charcas de Daun, ese Eifel donde brota la fuente de San Apolinario y en el que el lago de María Laach es un escupitajo de la Virgen…

Los ojos de ¿Que vlo-ve? parpadeantes y legañosos, la carne de cuyos párpados es roja como el jamón crudo, lloraban sin cesar y las lágrimas le quemaban los labios con el mismo ardor de las aguas ácidas de los manantiales que abundan en las Ardenas.

Era el compadre de los jabalíes, el primo de las liebres y las ardillas, y la vida castigaba su alma, como el viento del este castiga los racimos anaranjados de los serbales silvestres llenos de pájaros…

¿Que vlo-ve?, es decir: ¿qué quiere usted?, era valón valoniano de Valonia, nacido prusiano en Mont, lugar llamado Berg en alemán y situado cerca de Malmédy en el camino que conduce a esas peligrosas hornagueras conocidas por Hautes-Fanges o Hautes-Fagnes o más precisamente Hohe-Venn, puesto que estamos ya en Prusia, según lo atestiguan los postes pintados en negro y blanco, sable y plata, color de noche y color de día que se hallan al borde de todas las rutas.

¿Que vlo-ve? prefería su apodo a su nombre verdadero: Poppon Remacle Lehez. Pero si se lo saludaba con este otro sobrenombre: Li bai valet (el buen mozo), hacía vibrar el alma de su guitarra y golpeaba en el vientre de su interlocutor diciendo:

Apollinaire—Suena a hueco como mi guitarra. Eso revela que hay sed y que ya no queda más péket para mear.

Lo agarraba por el brazo y sin tutearse, porque en valón nunca se usa el tuteo, uno iba con él, ¡vive Dios!, a beber péket, que es el más vulgar de los aguafuertes de cereales y al que se da, por eufemismo, el nombre de ginebra.

Y hubiera sido más que extraordinario no descubrir, en uno de los rincones de la posada, a Guyame el poeta, quien tenía el don de la ubicuidad, pues se lo veía en todos los puestos de venta de cerveza y péket situados entre Stavelot y Malmédy, y cuántas veces había ocurrido que los muchachos se fuesen a las manos porque uno de ellos había dicho:

—Ayer estuve tomando cerveza con Guyame, en la parada, a tal hora.

—Mentiroso —replicaba otro—; a la misma hora Guyame estaba con nosotros en la taberna del Bonete de pelo, y estaban allí el inspector de correos y el recaudador de impuestos.

Y así, de una palabra a otra, los muchachos terminaban por darse de bofetadas en honor del poeta. Guyame era tísico y vivía en el hospicio de Stavelot. Como en todas partes le daban gratis de beber, Guyame iba a beber a todas partes. ¡Y cuando comenzaba a beber contaba cuentos de brujas, historias de bandidos, del otro mundo o simplemente inverosímiles! Recitaba versos contra la familia protestante que vivía en la plaza de la Iglesia, contra el jorobado de Francorchamps y contra la muchacha pelirroja de Trois-Ponts, que en otoño siempre iba a recoger hongos. ¡Puah! ¡Los hongos hacían enfermar a las vacas, y la colorada se los tragaba y no se moría! ¡La muy bruja…! Pero Guyame cantaba también la gloria del arándano, de la mirtila y del bien que hace a las tripas humanas la mirtila con leche, es decir, el U’hatcha, ultra divino y ambrosíaco. A menudo hacía versos para las sirvientas que pelaban las krompires, las buenas papas, las magna bona

* * *

Ese día, a un costado del camino bordeado de árboles fuertes y torcidos, ¿Que vlo-ve? trataba de encender su pipa con el pedernal… Pasaron cuatro mozos, que eran: Hinri de Vielsalm, Próspero el jornalero, que había trabajado en una refinería cerca de París y que en la actualidad vivía en Stavelot; Gaspard Tassin, cazador furtivo de Wanne, cuyo sombrero de fieltro se engalanaba con un ala de gavilán y que fumaba una hedionda pipa de madera de enebro, y finalmente Thomas el babo, es decir, el cojudo, curtidor en Malmédy. La mujer de éste era bastante linda, razón por la cual se acostaba con toda clase de personas, burgueses u obreros, en tanto que el marido dejaba embarazadas, cuando podía, a obreras de fábrica o a sirvientas alemanas que, al decir de él, gustaban acostarse con él porque era experto como ninguno en satisfacerlas.

Una vez que encendió su pipa, ¿Que vlo-ve? corrió tras ellos exclamando:

—¡Buenos días, compadres!

—¡Buenos días, bai’valet!

¿Que vlo-ve? los miró alegremente lanzando su eterno ritornelo, origen de su apodo:

¿Que vlo-ve? ¡Nom di Dio! Oíd mi guitarra: ¿la escucháis? —dio dos golpes en el instrumento, que resonó.

—Suena más hueco que un pedo del diablo. ¡Vive Dios! ¡Apuesto a que vamos a beber péket en casa de la Chancesse, aquí cerca…! ¡Oís!…

Y habiendo templado su guitarra, atacó la Brabanconne. Pero alguien le gritó:

—¡Calle usted!

Entonces comenzó la Marsellesa, mas, al terminar la primera estrofa exclamó:

Nom di Dio! —y entonó:

Ich bin din Preusse .

Pero el babo repetía:

—Cállese, usted es un prusiano que no sabe el alemán… Cállese… quiero ir a dormir con la Chancesse.

Y los mozos cantaron en coro:

y si queda un poco será para la sirvienta,
si no queda nada, se dará en el vientre!
Y zon zon zon Lisette, mi Lisette
Y zon zon zon Lisette, mi Lisette.

Entraron en lo de la Chancesse. Ésta rezaba su rosario sentada, con las piernas abiertas. Bajo la camisola, sus pechos parecían precipitarse como una avalancha.

En un rincón, Guyame el poeta, hablaba solo frente a su vaso de péket. Al entrar, los mozos saludaron:

—¡Salud, a los dos!

Guyame y la Chancesse respondieron:

—¡Salud, compadres!

La mujer trajo un vaso y sirvió péket, mientras los hombres cantaban:

Oigo el culo del vaso...

Guyame se acercó.

¿Que vlo-ve? —dijo el guitarrista encendiendo su pipa.

Guyame sirvió péket en un vaso que había llevado. Bebió, hizo chasquear la lengua y luego soltó un poco diciendo a Próspero:

—Trata de agarrarlo, tú, que has estado en París.

Y como caía la tarde, un largo tropel de vacas conducido por una chiquilla descalza pasó lenta y largamente ante la posada.

* * *

Es necesario ahora armarse de coraje, porque ha llegado el momento difícil. Se trata de decir la gloria y la belleza del andrajoso mendigo ¿Que vlo-ve? y del poeta Guillaume Wirin, cuyos andrajos cubrían también a un buen mendigo mendicante. ¡Entonces, sea! Apolo, patrono mío, te sofocarás; ¡vete! Envíame en cambio a ese otro, Hermes, el ladrón, más digno que tú de cantar la muerte del valón ¿Que vlo-ve?, muerte que aún lloran todos los elfos del Ambléve. Que venga ese sutil ladrón de pies alados.

Hermes, dios de la lira y ladrón de rebaños que arroje sobre ¿Que vlo-ve? y la Chancesse todas las moscas pánicas que, según se cree en el norte, atormentan ciertas vidas coreando una fatalidad. Que traiga consigo a mi segundo patrono, al obispo San Apollinario, mitrado y pluvial. Este último velará el calvario de madera pintada que languidece en la encrucijada:

Y santones salidos de establos que entristecen
los balidos y el dulce mirar de graciosos corderos
conducirán, cada tarde, hasta la cruz de este Cristo
un largo tropel lírico con un caramillo.

* * *

Ya era de noche. La Chancesse continuaba diciendo su rosario. Sobre la mesa, junto a las botellas vacías o llenas de péket, una lámpara de petróleo chisporroteaba y echaba humo. ¿Que vlo-ve? había sacado pan y queso «cabeza de chancho» de su bolso, y comía lentamente, escuchando la charla de sus compañeros y el bullir del agua para el café de la Chancesse.

Guyame contaba la historia de Poncin y sus cuatro hermanos, es decir, el pulgar y los otros cuatro dedos. En el cuento, Poncin zurraba todos los días a Longuedame, que es el mayor. Guyame se levantó y fue a mear a la puerta. Al volver dijo:

—Quisiera estar en los pantanos de atrás de la barraca de Michel; me sentaría entre los yuyales y las bayas y sería más feliz que San Remacle en su urna, ¡nova di Dio! ¡Cuántas bolas de oro hay en el cielo claro de esta noche! Nom di Dio di nom di Dio, el cielo está lleno de cojones luminosos llamados astros, planetas, estrellas, lunas.

Bebió su péket y el babo le dijo:

—La mujer del mayor me ha dicho que yo era como la luna. Pero, nom di Dio, Guyame; yo tengo tres cojones y la luna es uno solo. ¡Me parece!

—¡Babo! No hable tanto; usted es la luna a pesar de sus tres cojones, ¡nom di Dio! ¿Nunca has hablado con una silla? ¿Parece?… ¿No?… Pues bien: a ver, pregúntele a una silla: ¿qué es un hombre? «Es un culo, ¡parece!», dice. Pregúntele a un banco: ¿qué es una mujer? «Es un culo, ¡parece!», dice. Pregúntele al escabel o a la banqueta: ¿qué son un mucamo y una mucama? «Son dos culos, ¡parece!», dicen. Pregúntele al sillón del cura: ¿qué es un cura?, ¿qué es su sirvienta?, ¿qué es la sobrina del cura, la chica de Rawaye-Jonceux? «Con este último hacen cuatro culos», dicen, «u ocho nalgas, ¡parece!». ¡Ja! ¡Ja!, nom di Dio, usted no sabe ni eso, usted que tiene tres cojones. Hace falta mucho más que eso para lograr quorum y conformar al cielo. Vamos, un poco de guitarra aquí, ¡nom di Dio!… ¿Que vlo-ve?

Nuestro burro tiene cuatro patas blancas
Y las orejas…? Adivinadlo.
Y el agujero del culo muy negro
Muy negro, como el carbón.

—¡Cállese! —exclamó el babo—. Quiero ir a dormir con la Chancesse.

—¡Nom di Dio! —gritó ¿Que vlo-ve?—, usted, babo, usted que no tiene siquiera unas monedas para pagar su péket, irá a dormir a Mámdi o a Stavlen. ¡Vamos, rápido! ¡Beba un vaso más, haga chasquear su lengua y váyase de aquí!

El babo bebió su vaso de péket, hizo chasquear su lengua y luego dijo:

—Venga un momento ¿Que vlo-ve? Quiero decirle unas cuantas cosas.

¿Que vlo-ve? hizo su habitual pregunta:

¿Que vlo-ve?

Luego tomó su cuchillo y se echó la guitarra a la espalda. Se acercó al babo.

* * *

Guyame divagaba:

—Unas lindas viejitas bailan la maclotte en un jardín de girasoles, esos hermosos soles. ¿Que vlo-ve?, mi compadre querido, no se pelee usted. El babo lo estrangulará como la maleza estrangula a los árboles… ¡Cuidado ¿Que vlo-ve?, le partirá la cabeza de un golpe!

Bailemos la Cramagnole.
Viva el sonido, viva el sonido…

* * *

El babo y ¿Que vlo-ve? se arañaban y se daban tajos, armados de sus cuchillos. En ese momento la Chancesse era más bella que Helena, la cual no era más joven que ella cuando Paris la raptó.

—¡Nom di Dio! ¡Qué pelea!

Prosper le gritó:

—Por culpa suya, ¡harpía!

Después se levantó y, seguido por sus dos compañeros, salió cantando:

Sí, ya no queda absolutamente nada,
se dará en él desde el 1º de enero al 31 de diciembre
vientre, y zon, zon, zon…

* * *

¿Que vlo-ve? y el babo se desafiaban, mirándose a los ojos.

¿Que vlo-ve?, ¡me iré a dormir con la Chancesse!

—¡Babo!, las putas son para los hombres; Mareye, su mujer, es una puta.

¿Que vlo-ve?, usted no conoce el color de su culo…

—¡Babo!, ¡no se acostará usted más con la Chancesse, y su mujer de usted está sifilítica!

Y ¿Que vlo-ve? se lanzó sobre el babo. Se estrechaban y se daban cuchilladas. Su sangre corría. La Chancesse lloraba y gritaba.

—¡Qué historia!

Y Guyame cantaba lentamente:

—Miro esto que puede servir de espejo al amor. Bella Chancesse, que haces que se peleen en tu taberna un héroe de tres cojones y un músico insigne, ¿Que vlo-ve?, Li bai valet errante!… ¡Bella Chancesse, seré yo, creo, quien irá a dormir con usted! ¡Prepare usted, porque tengo hambre, una buena fritada que comeré con usted, hermosa! Honra a los héroes cuya sangre cae como la cascada de Coo. ¡Escuchad! ¡Escuchad! ¡Oíd!… Los elfos salen del Ambléve… Uno de ellos llora porque se le han roto sus zapatitos de vidrio… ¡Escuchad, escuchad! El viento gime entre los álamos, Bella Chancesse, si los demás se pelean. Nosotros bailemos. ¡Ah! Pobre babo, veo que es usted quien la está pasando mal.

* * *

¿Que vlo-ve? y el babo continuaban ensangrentándose en honor de la Chancesse, que ahora bailaba la maclotte frente a Guyame, mientras la marmita cantaba cada vez más fuerte.

El babo se debilitaba. ¿Que vlo-ve? le había hecho saltar los botones del pantalón y éste, al caer, dejó ver el culo reservado, contoneado y lastimoso como los cuartos de luna. De pronto, a causa de una hábil cuchillada de ¿Que vlo-ve?, la raya trasera del babo, por naturaleza obscura con tonalidades verdosas, y velludas, se ensangrentó y, ante esta aurora, el babo se puso a gemir. Y gritaba:

—No, ya no haré pim-pam con la Chancesse. ¡Ah, ¿Que vlo-ve?, me has lastimado los cojones!

Y ¿Que vlo-ve? se encarnizaba.

—¡Ah! ¡Pero tiene usted tres cojones! ¡Glotón! ¡Galán! —y le dio tal puntapié en el vientre que el babo cayó sobre su culo, que se diría ensangrentado por una menstruación. Mientras tanto, Guyame y la Chancesse terminaban su maclotte.

¡Pero he aquí el instante supremo!

¿Que vlo-ve?, ebrio de sangre, se arrojó sobre el babo y le hundió el cuchillo en el pecho. El babo susurraba entre estertores:

—¡Nom di Dio! ¡Nom di DioNom di Dio!

Sus ojos se desorbitaron. ¿Que vlo-ve? se levantó sosteniendo la mano al babo, y con su cuchillo se puso a cortar el brazo por la articulación. El babo gritó:

—¡Ay! ¡Ay! Le dirá usted a mi Mareye que le envío un beso de amor.

Pero la Chancesse gritó:

—¡Usted es cornudo!

El babo tuvo un último sobresalto y murió como un pescado al lado del pescador.

¿Que vlo-ve? seguía cortando… Por fin el brazo se desprendió. ¿Que vlo-ve? lanzó un grito salvaje de satisfacción. Como su saco gastado por el uso y manchado de sangre tenía un bolsillito sobre el pecho, hundió en él el brazo cortado, cuya mano pendía como una bella flor…

La lámpara chisporroteaba y humeaba. Sobre el fuego el agua estaba encolerizada: gangueaba, roncaba, rezongaba. ¿Que vlo-ve?, derrumbado sobre un banco, acariciaba su guitarra. Guyame dijo:

¿Que vlo-ve?, compadre bien amado, ¡adiós! Siempre lo querré a usted. Huya esta noche, porque si no los gendarmes lo prenderán mañana. Yo vuelvo al hospital y seré reprendido por llegar tarde.

Se marchó lentamente y sus pasos resonaron largo rato en el camino.

* * *

¿Que vlo-ve? y la Chancesse miraban el cuerpo. El agua hervía. De pronto, ¿Que vlo-ve? se levantó y se puso a cantar:

Adiós!
Besémonos antes de partir
porque es hoy la última vez
que tu cantina vengo a visitar.

—No hable así —dijo la Chancesse—. Lo amo a usted, bai valet.

Se acercó a ¿Que vlo-ve? El cadáver los separaba. Se abrazaron. Pero el brazo del muerto, que se había enderezado y asomaba por el bolsillo del saco semejante a una rama florecida de cinco pétalos, se interpuso entre ellos.

En medio de la triste penumbra besaron la mano muerta, y como la palma estaba vuelta hacia la Chancesse, las uñas del babo le cosquillearon el rostro. Ella tembló.

—¡Ah!

Y ¿Que vlo-ve? gritó:

—¡Dulce misericordia!

—¡Nom di Dio! ¡Nom di Dio!

Sobre el fuego el agua murmuraba la plegaria de los muertos. ¿Que vlo-ve? continuaba:

—¡Nom di Dio! ¡Está muerto!

La Chancesse agregó:

—La sangre corre hasta la puerta.

—Se escapa por debajo de la puerta —observó ¿Que vlo-ve?—. Cuando baje llegará hasta el cuartel de los carabineros, y éstos remontando la corriente encontrarán al babo. ¡Nom di Dio! ¡Nom di Dio! ¡Adiós, Chancesse!

* * *

¿Que vlo-ve? abrió bruscamente la puerta y echó a correr por el camino.

La guitarra volaba tras él como un halcón privado; él mismo saltaba como un sapo y el viento del este en la noche clara batía alas como mil compañías de perdices. Los serbales silvestres del borde del camino lanzaban sus ramas hacia el sur, desesperadamente.

La Chancesse, desde la puerta, gritó durante largo rato:

¿Que vlo-ve?, ¿Que vlo-ve?, Li bai valet, ¡¿Que vlo-ve?!

Pero ¿Que vlo-ve?, que marchaba ahora por el camino, tomó la guitarra y rasgueó su canto de muerte.

Caminando y tocando, miraba las estrellas habituales, cuyos resplandores versicolores palpitaban.

—A todas las conozco de vista —pensaba—. Pero ¡Nom di Dio!, voy a conocerlas súbitamente a cada una personalmente, ¡Nom di Dio!

El Ambléve estaba cerca y sus aguas corrían frías entre los álamos que circundaban.

Los elfos hacían resonar sus zapatitos de vidrio sobre las perlas que cubrían el lecho del río. El viento perpetuaba ahora los sones tristes de la guitarra. Las voces de los elfos atravesaban el agua, y ¿Que vlo-ve?, desde la orilla, los escuchaba parlotear:

Mnieu, mnieu, mnieu

Entonces descendió al arroyo, y como estaba muy frío tuvo miedo de morir. Felizmente las voces de los elfos se acercaban:

Mnié, mnié, mnié.

Después, ¡nom di Dio!, en el arroyo olvidó repentinamente todo cuanto sabía, y comprendió que el Ambléve se comunica subterráneamente con el Leteo, pues sus aguas hacen perder el conocimiento. ¡Nom di Dio! Pero los elfos parloteaban ahora tan graciosamente, cada vez más cerca:

Mnié, mnié, mnié

Y de todas partes, a la redonda, los elfos de las pouhons, o fuentes que borbotan en los bosques, les respondían…

  

Guillaume ApollinaireGuillaume Apollinaire

Roma, 1880 - 1918, París

Wilhelm Albert Włodzimierz Apolinary de Kostrowicki nació en Roma. Su padre, un oficial italiano, abandonó a su familia cuando él tenía cinco años y su mamá, una aristócrata polaca, se afincó con él y su hermano Esteban en Mónaco, luego en Cannes, Niza y finalmente, cuando el dinero se les acabó, fueron a París para que los jovencitos pudieran trabajar. Pese a su formación clásica y a tener desde muy joven predilección por Balzac y Tolstói, fue un consumado transgresor cuyas excentricidades trascendieron la literatura.
Inventó los caligramas (en los que amalgamó la literatura y el dibujo) y acuñó el término “surrealismo”, que aparece por primera vez en el subtítulo de su obra teatral “Las tetas de Tiresias (drama surrealista) (1917). Cuando le preguntaron qué significaba, él respondió: «Cuando el hombre quiso imitar el andar, inventó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Así hizo surrealismo sin saberlo». André Breton recuperó el concepto y el vocablo en su famoso manifiesto de 1924. En definitiva —y no solo por lo expuesto—, Apollinaire fue el personaje más influyente en el ambiente cultural parisino de principios del siglo XX.
¿Que vlo-ve?”, publicado por primera vez en el libro “El heresiarca y Cia. (1910), es un cuento en el que subyace, bajo la apariencia de mero delirio, una crítica mordaz a las fronteras, las diferencias de idiomas en regiones que comparten una cultura común y, sobre todo, de la religión. No es casual la expresión constante de los personajes (que acaba usando el propio narrador): “nom de Dio!(mezcla de francés e italiano), como tampoco lo es que uno de los jóvenes se llame Hinri de Vielsalm (“Viel” en alemán significa “mucho”, “gran cantidad”, y en esa mezcla idiomática singular del cuento se interpreta como INRI de los Muchos Salmos), ni que se presente una especie de trinidad compuesta por el poeta Guyame (que usa su ubicuidad para beber en todas partes y cuyo nombre es una deformación de Guillaume), el babo (de tres cojones), y el propio ¿Que vlo-ve?.
Para quienes no estén familiarizados con las sagacidad y talento de Apollinaire, este cuento requerirá al menos dos lecturas; la segunda, más profunda y reflexiva, será completamente distinta a la primera, y quizás deje escuchar la guitarra de ¿Que vlo-ve? acompañando las canciones que entonan al unísono los elfos míticos de los paganos y los Dioses institucionalizados.

Le invitamos a dejar su comentario respecto a este cuento. Nos interesa su opinión y enriquecernos a través del intercambio. Gracias por leer Cuentos en Red.
1 1 1 1 1 Valoración: 0.00 (0 Votos)
Compartir

No hay comentarios en “¿Que vlo-ve?”

Deje su comentario

En respuesta a Some User

Contáctenos

Dirección:
alvaro@cuentosenred.com
 
Administración:
admin@cuentosenred.com
 
Consejo editorial:
ce@cuentosenred.com
 
Webmaster:
webmaster@cuentosenred.com
 

Nuestro equipo


Logo 610x170 claro

Patricia Licciardi
Edith Vulijscher

Eréndira Corona Álvaro Díaz
¿Aún no tiene cuenta? ¡Regístrese ahora!

Ingresar