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Estante del Nº 5 - abr/2021

RollodexMicros RadioAudiocuentos
  • Los habitantes del olvido

    Rodeando la ciudad de la memoria, se encuentra el barrio del olvido. Con callejones matizados por las sombras de viejos amores y de uno que otro pensamiento que no fue comprendido en el tiempo de su origen. No se sabe cómo se conforman sus casas, ni qué tipos de piedras recubren sus incorpóreas calles. Lo que sí es un hecho, es que de cuando en cuando, al nacer un nuevo habitante en la ciudad de la memoria, a veces el destino de este se entrelaza con el de un residente del olvido que entonces encuentra el camino de regreso a la ciudad, cruza nuevamente la frontera con sus mejores galas y retorna siempre exquisitamente embellecido.

    Eréndira Corona
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  • Intransigencia

    La batalla fue descomunal.

    Miles de guerreros enardecidos lucharon por imponer su estilo de vida, afirmando que era el mejor para la humanidad.

    Todos perdieron.

    Luis Gutiérrez González
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  • Carnitas

    El pueblo era pobre y los alimentos de calidad estaban escaseando, así que la gente obesa estaba desapareciendo por falta de nutrientes, pero había un sitio donde vendían carne barata.
    —Deme un kilo, por favor —dije.
    —Un momento, señor —respondió el carnicero.
    Entró a la bodega. Luego escuché que le murmuraba a alguien:
    —El tipo que acaba de llegar por lo menos pesa ciento cincuenta kilos.
    —¿Sí?
    —Imagina lo que le podemos sacar.
    —Hazte cargo de él, usa el cuchillo.
    —¡Ustedes están asesinando a los gorditos! —grité—. ¡Por eso están desapareciendo del pueblo! ¡Los denunciaré!
    Escapé del establecimiento, pero mi sobrepeso me hizo caer de panza sobre la acera.
    —Será más fácil de lo que pensé —dijo el carnicero detrás de mí.

    Servando Clemens
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  • El llamamiento

    No tengo un cuerpo normal. Estoy compuesto de varios tentáculos que se unen a los alfileres de mi cuerpo erizado para hacer un llamamiento. Ahora no sé si van a llamar a Cabeza de Alfiler o a H.P.Lovecraft.

    Samir Karimo
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  • (Sin título)

    —Señor Celso. Y, usted ¿por qué no gusta de religiones? —le preguntó una de sus visitas habituales.
    Él extendió los brazos para recibir la taza de café que su mujer le había servido, revolvió con la cucharita el azúcar que nadaba en el agua oscura y miró a quien le había hecho la pregunta con el dilema interior de si contestarle o tomarse el café primero. Pero le ganó su sentido de urbanidad y le respondió:
    —Porque he visto más la presencia de Dios en las palabras de los ateos confesos, que en las acciones de los creyentes consagrados.

    Federico Ochoa
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  • Dualidad del verbo

    «Ya no CREO», decía la nota junto al cuerpo yerto del artista.

    Sus colegas, horrorizados, lloraron la crueldad de esas musas en fuga.

    El cura se negó a darle cristiana sepultura, por suicida y por pagano

    Álvaro Díaz
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  • Tramas

    Las manos mueven rítmicamente dos agujas de tejer y muestran los surcos de un tiempo implacable que nunca se detiene. El resto del cuerpo de la tejedora parece desafiar al movimiento, e inerte, tieso, amalgamado a su asiento, contrasta con la agitación de sus manos y con la danza del ovillo que golpea las superficies al culminar cada salto. No se parece a Penélope porque nunca se ha revelado la silueta de un amor en el árido desierto de su vida. Tiene un rostro sin tiempo y una mirada que refleja una vacuidad tal, que sería más tolerable si esos ojos destilaran tristeza, al menos serían testigos de una vivencia. Solo muestran retazos de caminos sin huella y de días sin textura.
    De sus agujas cae una urdimbre de lana, que en unas horas más será una bufanda. La noche llega lenta y habla de soledades porque aunque la trama siempre esté en sus manos, ella, jamás tejerá una historia.

    Patricia Licciardi
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  • Iluminado

    ―¿Cuánto debería durar una vida? ―preguntó mi amiga.
    No respondí, ella agregó sonriendo
    ―Cuando un joven muere, lo lamentamos más, juzgamos que no era hora. Si es un anciano decimos, vivió bastante, ¿la vida debe medirse por cantidades o por calidades? Cuando murió mi hermano mamá comentó: “vivió acelerado, toda la vida en treinta años”. Yo pensé, pobre, intenta consolarse, pero reflexioné ¿Vivir es procurar que eso nos dure muchos años?
    Me reí y dije:
    ―Pavadita de tema, nada más y nada menos que el sentido de la vida, mirá, para mí pedir un cafecito le daría sentido, por lo menos a este momento ―y llamé al mozo.
    Creo que pensó que yo era un idiota y no valía la pena continuar.
    Después hablamos de pavadas.
    Nunca supo cómo influyeron esas palabras, que no eran nuevas, pero funcionaron dentro de mí como un disparador.
    Tiempo después me sumé a voluntariados comunitarios.
    Le encontré un sentido a mi vida, no importa si moriré joven o viejo, habré valido la pena.

    Edith Vulijscher
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