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Polvo somos

DramaMisterio
Polvo somos

Esa tarde de abril venía caminando desde la iglesia, y lo primero que observé al llegar a casa, fue el cadáver de Pelusa encima del felpudo. Sus patitas tiesas apuntaban hacia la puerta. De su boca aún salía espuma. Los ojos estaban cubiertos por una tela de lágrimas, lo cual me indicaba que sufrió. Sé que la perrita no era mía, pero yo la cuidé desde que su anterior dueño la había abandonado. Estaba dolido. La llevé al patio trasero y la sepulté. Al encajar la pala en la tierra, no pude aguantar las ganas y lloré como un niño a moco tendido.

Investigué por la colonia durante varias horas. Por fin, la chismosa vecina de al lado, no se aguantó las ganas y me confesó que el culpable era Serapio Villa. Por supuesto, no podría ser otro, ese cabrón es un canalla.

Cabeza de un perrito - Pierre Auguste Renoir (1870)Toqué y toqué el timbre de Serapio con insistencia y cuando se hartó del escándalo, abrió la puerta. Me pidió de mala gana que me sentara en un mugroso sofá.

—Solo quiero saber por qué envenenó a Pelusa —dije—. No entiendo su maldad. Dígame una sola razón comprensible y me retiro sin objetar.

—¿Tanto bullicio por un animal? —gritó, mientras veía el televisor—. Ese bicho no era tuyo. ¿De qué te quejas? Creo que les hice un favor a todos.

Traté de calmarme. Respiré profundo y oré para mantenerme tranquilo. Quería entrar en la mente podrida de ese imbécil y entenderlo; sin embargo no podía. ¿Por qué existía gente tan perversa? ¿Cuáles eran sus razones? ¿Por qué Dios no los castigaba o impedía que hicieran sus crueldades?

—¿Qué daño le hacía Pelusa? —pregunté—. ¿Por qué no le tuvo compasión? Me hubiera dicho desde el principio y la encerraba en el patio de mi casa.

—¡Eres un ridículo santurrón! —Sonrió. Enseguida volteó a verme y apagó el televisor con el control remoto—. ¡Escúchame con atención, taradito, ese apestoso engendro daba mala imagen a la colonia, estaba lleno de garrapatas y pulgas y dejaba su mierda regada por doquier!

—¡Mentira! —grité. Me puse de pie de un brinco—. ¡Yo la bañaba tres veces a la semana con un champú especial, la vacunaba, le daba croquetas, agua y tiraba su excremento en la basura, y además ella no se paseaba por su casa porque usted le tiraba pedradas!

Serapio resopló, murmuró algo como que los perros no tenían alma, que eran inmundos y que a él le importaba una reverenda cagada todos los animales. Yo no sabía qué expresar ante individuos de tal calaña. La quijada me temblaba porque estaba a punto de estallar. De verdad quería a esa perra como si fuera parte de mi familia.

—¡Mejor será que te vayas por las buenas, pendejo! ¡Tengo muchas cosas por hacer! —gritó Serapio, tirando el control remoto al piso—. ¡Y ya no voy a discutir por un cochino animal! ¡Que se pudra en el infierno! ¡Ya lárgate de mi casa!

De pronto, me vino una iluminación proveniente del cielo. Comprendí que existían la bondad y la maldad entremezcladas y que todos los seres del planeta tarde o temprano terminaríamos convertidos en polvo a pesar de nuestros actos.

Me serené. En ese justo instante, Dios me reveló cómo actuar ante dichas circunstancias.

No fue difícil entrar al corazón de Serapio, lo realmente engorroso fue penetrar su cabeza, pues el tipo tenía el cráneo muy duro. Tuve que utilizar un mazo y después el cuchillo cebollero para ver qué había en su cerebro, por supuesto estaba vacío y negro al igual que su corazón.

Por la madrugada enterré a Serapio junto al de Pelusa. Nadie me vio cargar el cuerpo envuelto en una cobija, o al menos nadie comentó una sola palabra al respecto. Después de encajar la pala en la tierra, expresé unas últimas palabras antes de irme a dormir:

—Polvo somos y en polvo nos convertiremos.

 

Servando Clemens

 
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4 comentarios en “Polvo somos”

  1. Sábado, 19 Junio 2021 23:29

    Un final inesperado, pero contundente. Poe lo hubiera emparedado.

    1. Sábado, 24 Julio 2021 16:18

      Mil gracias 

  2. Martes, 15 Junio 2021 10:54

    Me encantó. Felicdades servando. 

    1. Sábado, 24 Julio 2021 16:19

      Mil gracias 

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