Pelea a muerte

Drama
Pelea a muerte

El hombre, muy malherido, yace moribundo junto al automóvil que hace unos instantes se estrelló contra un árbol. Después de dar varios tumbos y vuelcos ha desbarrancado y quedó detenido junto a un pequeño arroyo que corría a unos metros debajo de la ruta. ¿Merecía este accidente? Es posible, manejaba alcoholizado, pero ya no puede ni siquiera cuestionárselo porque se encuentra flotando en medio de las dos dimensiones: entre la vida y la muerte y quizás por eso mismo es que puede visualizar esa presencia. A pesar de que no tiene el aspecto que solemos darle, no es una figura femenina no lleva guadaña, ni siquiera tiene aspecto siniestro, de ninguna manera.

No puede verle el rostro, pero sí lo reconoce como un “Él” y piensa: ¡Oh! es el ángel de la muerte aunque no observa alas bajo esa especie de capa que lo cubre desde la capucha que disimula gran parte de su rostro; si es que lo tiene piensa, también de los pies que le supone, aunque no está seguro porque parece estar flotando un poco por encima del suelo.

Mientras el destino lo mantiene en ese estado de suspensión, sin caer ni para este lado ni para el otro, las imágenes que lo persiguen desde hace cuatro meses insisten en ocupar su mente. Se ve a sí mismo con la niña en brazos, corriendo en busca del refugio más cercano con la cara desencajada y húmeda por las lágrimas que la surcaban, mientras los gritos y sonidos aterradores se mezclaban con los de las alarmas.

27 EdithNo era su hija ni alguien conocida, pero ¿se puede salir indemne del horror y la muerte de una niña en los brazos? Ni siquiera sabe si aún estaba viva cuando la rescató de los escombros, solo atinó a alzarla y correr con ella lejos, lo más lejos que le fue posible; después de vanos intentos por reanimarla se quedó allí, sentado, perplejo y llorando. Cuando llegaron los rescatistas no pudo responder ninguna pregunta, un nudo enorme en la garganta lo tenía imposibilitado, solo negó con la cabeza y les entregó el cuerpito aún tibio. No los quiso acompañar y desde entonces solo el alcohol lo alivia, le entumece el alma y lo eleva al espacio de la inconsciencia. La carita de la criatura se esfuma también y entonces pareciera que ya nada le importa y nada le duele.

Unos campesinos que observaron lo sucedido, han pedido auxilio urgente y de la ciudad más cercana ya se acerca una ambulancia. Bajan los paramédicos le toman el pulso, colocan el cuello ortopédico, lo acomodan en la camilla y parten a toda velocidad hacia el hospital municipal.

El ángel va a su lado y él sin pronunciar palabras le dice:

—Ya sé quién sos y qué venís a buscar. Me lo merezco, no hubieras venido si no te llamaba, te tenté y sucumbiste a mi tentación ¿no?

El ángel no responde, tampoco hace el más mínimo gesto ni movimiento, se halla a su lado, casi pegado al cuerpo. El hombre siente el aire frío que brota de su presencia.

No estábamos equivocados al imaginar cálida la vida y fría la muerte, y se asombra él mismo de pensar esa pavada en un momento tan dramático.

—No quiero morir, aunque te convoqué, pero puedo tener perdón. ¿Es posible que me des otra oportunidad?

Silencio.

—Bueno, en realidad no espero que me respondas, ni siquiera puedo ver si tenés cara, pero no te siento como alguien malo, cumplís con tu función ¿qué otra cosa podrías hacer? Algunos te encuentran sin quererlo, otros te buscan a veces con intención y otras con inconsciencia, como yo hoy, hay quienes te llaman con des­esperación y aunque quizás te resistas a responder actúan de tal forma que no erran y te les aparecés. Pero también venís cuando no deberías y te llevás a quien pareciera no merecerlo. ¡Ay! esa niña, ¿por qué? ¿Sufrís? O no conocés otra cosa que no sea esto: cortar hilos, una y otra vez, bueno…puede que esto de los hilos solo sea imaginación nuestra, quiero decir de los humanos, pero de qué otro modo podríamos imaginar el pasaje de la vida a la muerte, algo se corta ahí, permitime imaginarlo así como un hilo, aunque más que un hilo es una soga, y depende cómo cuidemos nuestra vida, será gruesa y firme o no, y ahora la siento o la imagino estirada al máximo, a punto de romperse.

28 Edith¡Ay! Estoy tan dolorido, tanto…que no sé si no deseo que sí, que ya se rompa.

¿No dirás nada no es cierto? ¿No podés o no te dejan? Es raro, no puedo ver tu cara y como te dije, ni siquiera sé si la tenés, pero entonces ¿cómo es posible que sienta que me mirás con compasión?

¿Debo luchar contigo? Muchas veces decimos, lucha con la muerte, y si se salva: ganó la batalla.

Sin embargo no te percibo guerrero, estás ahí, pegado a mí con tu aire helado pero del otro costado todavía siento calor, no sé si debo luchar contigo pero sé que no quisiera acompañarte todavía.

Estoy cansado, no quiero pensar más, siento que caigo…caigo…abajo…

El paciente en la sala de operaciones ya está bien anestesiado, los médicos comienzan, no desconocen que parece ser un caso perdido pero desean con fuerza poder salvarlo, luchan, no saben que lo hacen con esa presencia que sigue allí, pegada al cuerpo del hombre, tampoco pueden sentir su frío, ese solo tiene un destinatario y no los alcanza a ellos.

Pero sí saben que luchan con la muerte, luchan para que el hombre permanezca de este lado. Finaliza la operación, el paciente es trasladado a una habitación, allí permanecerá monitoreado y con una enfermera a su lado. Todavía no está a salvo.

El frío sigue. Pasan las primeras doce horas, el ángel ya no está junto al hombre, ahora permanece a dos metros. El paciente no ha despertado aún, pero no pasó mala noche y todos los aparatos han mostrado un funcionamiento normal para lo que se esperaba.

Al mediodía despierta, no siente dolor, los medicamentos están surtiendo el efecto deseado. Le traen caldo, la enfermera se lo administra y él lo devora como si fuera un delicioso manjar. Buen síntoma.

—Me doy cuenta de que toqué fondo, pero quiero vivir. Esto fue un alerta, quizás una lección que debo aprender —mira al ángel, a él le habla— creo que no era mi hora, sino me hubieras llevado cuando quedé tirado allí, pero por algo seguís aquí.

Ya te dije, me hago cargo: es mi culpa, y no te quiero convencer de nada, es una estupidez pensar en que podría hacerlo, ya sé que no se trata de eso, pero sí es una lucha entre mis ganas de vivir y tu deber de llevarme. Pues, midamos fuerzas entonces…

CuauhtémocC

Edith Vulijscher

Etiquetas: Edith, Drama

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8 comentarios en “Pelea a muerte”

  1. Viernes, 08 Octubre 2021 02:55

    Buen cuento, Edith, mantiene el interés hasta el final. En cierta medida  desdramatiza a la muerte, presentándola como un ángel negro con sus implicancias. La tensión entre vida, muerte se visualiza, pero sin el aspecto macabro con que suele identificársela a aquella. 

    Muy bueno el material de la revista.

    Cariños

    Hilda

    1. Viernes, 08 Octubre 2021 12:20

      Hola HIlda, qué alegría saber de vos y más aún para recibir tan buen comentario, muchas gracias, abrazos

  2. Martes, 28 Septiembre 2021 13:25

    Muy buen cuento, tal como nos tiene acostumbrados nuestra amiga. Felicitaciones!

    1. Miércoles, 29 Septiembre 2021 23:40

      Hola Omar, qué bueno que andes por aquí, muchas gracias por tu comentario, abrazos.

  3. Jueves, 16 Septiembre 2021 22:35

    Felicitaciones a Edith, cada día escribe mejor. Su prosa magra es una delicia.

    1. Viernes, 17 Septiembre 2021 00:18

      Querido Emilio, muchas gracias, este comentario por provenir de un escritor de tu talento tiene un plus enorme. ¡¡Nuevamente, gracias!

  4. Jueves, 16 Septiembre 2021 01:17

    Buen cuento, se mantiene la tensiòn hasta el final. Y, en realidad, medimos fuerzas con la muerte dìa con dìa desde antes de nacer.

    1. Jueves, 16 Septiembre 2021 12:07

      Hola Fernando, muchas gracias por dejar tu comentario y sí, es tal como lo decís, incluso desde antes del nacimiento, aunque en ese caso dependemos de la voluntad de otra persona para mantener la vida.  Saludos

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