Un buen cuento siempre a la mano

Edición de mayo
Año 1 - Número 6

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Nº 2 - enero
Nº 3 - febrero
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Nº 5 - abril
Nº 7 - junio
Nº 8 - julio
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Nº 10 - septiembre
Nº 11 - septiembre

Microlecturas

  • El enamorado 

    “Me quiere, no me quiere...mucho, poquito, nada” recitaba Juancho sentado sobre aquel montoncito de piedras con la blanca sibila en mano. Dejando así el destino de su felicidad en la sucesión de un juego que apelaba a la fortuna de los múltiplos de cinco; donde la vida le sonreiría solo si al último pétalo le antecedía el quinto, el décimo o el decimoquinto…
    No era pues entonces extraño, que siendo el amor algo que a veces sobrepasa los límites de lo cabal, el enamorado se encontrara buscando la respuesta en la razón más irracional de todas.

    Eréndira Corona

  • En busca de redención 
    Amanece la esperanza. El hombre arrastra su cuerpo hacia la orilla de un mar que hoy parece celestial, abatido por una carga imaginaria.
    Tal vez en este día ocurra el milagro, piensa.
    Se arrodilla en la costa y siente el agua purificada que comienza a bautizarlo. Hunde su cabeza agitando el agua bendita, para dejar inmaculados sus pensamientos. Se persigna y reza una y mil veces. Acaso Dios pueda escucharlo por semejante esmero.
    Se levanta para discernir si tiene un horizonte por delante, pero comprueba con desilusión que aún sigue apesadumbrado.

    Patricia Licciardi

  • Resarcimieno 
    Después de haber tenido ese sueño, que me impulsó con la fuerza de un tsunami a acudir al auxilio de aquellas voces, entré al parque de mi abandonada casa de infancia. No había vuelto desde las desgracias ocurridas allí; sombras siniestras la sobrevolaban y envolvían su historia. El sol no encontraba un resquicio para introducirse a través de la espesa vegetación que, como un monstruo cariñoso, la abrazaba por completo. Tenía un machete para abrirme paso y, de ser necesario, lo usaría para destrozar el interior con la esperanza de destruir también la maldición que albergaba.
    Apenas había avanzado un trecho cuando un círculo de un fulgor rojizo, glacial y nauseabundo me encerró.
    Paralizado, vi las sombras de mis antepasados que, encadenados unos a otros, estiraban sus brazos huesudos pugnando por asirse a mí. Gemían con una letanía espeluznante y se acercaban con un balanceo aterrador, cuando estaban casi encima escuché la temida carcajada: era la aparición diabólica que presagiaba también mi desgracia.
    El terror, unido al deseo de liberar a esas almas del padecimiento, me dio fuerzas.
    Salté, corrí hacia el auto por la alternativa que había previsto, tomé el bidón de nafta y, retorné hacia la entrada convencido: el fuego purifica.
    Edith Vulijscher
  •  Bajo las primeras noches 

    Fue alrededor de una fogata, bajo un cielo repleto de puntos brillantes y titilantes, que la vi por primera vez. Me cautivó la maraña indescriptible de sus cabellos, las cuencas de sus ojos sorprendidos por cada cosa que miraba y el movimiento de su boca llena de comida, que aún en su masticar, dejaba escapar una sonrisa de bondad. Entonces, me decidí. Le di un garrotazo, la arrastré hasta mi cueva y se convirtió en mi familia, aunque después, me tocó botar aquel objeto contundente de mis amores, porque entonces, era ella quien lo usa conmigo, cada vez que me vía cerca de otra cavernícola.
    Será que en el futuro, esta dinámica de amores y odios ¿Evolucionará?

    Federico Ochoa

  • El matador 

    La multitud se puso de pie en las gradas de la plaza. ¡Viva! ¡Esto es arte! El toro resoplaba, mientras que de su hocico manaba una mezcolanza de baba, sangre y agonía. Las banderillas clavadas en el lomo le menguaban las fuerzas; lo torturaban.
    El demonio vestido de luces, elevó la espada, corrió hacia el astado y lo atravesó.
    La afición quería sacar a hombros al matador. No se fijaron que un cuerno se había ensartado en el pecho del torero. El dolor de ambos era indescriptible.
    El hombre no quería morir. El animal tampoco.
    Los dos sucumbieron con el corazón destrozado.

    Servando Clemens

  • Vidas 
     
    Lo tomó entre sus manos con mucho cuidado, intentando hacerle el menor daño.
    —La vida... qué impensables secretos tiene. Cada órgano tiene una función específica que cumplir; pero lo maravilloso es el trabajo en armonía; la perfecta sincronización entre todos ellos para lograr el milagro —dijo en voz alta.
    Levantó la vista y observó con detenimiento a cada uno de los hombres y mujeres que lo rodeaban y que, sin excepción, lo miraban fijamente, con respeto.
    —Una sola falla y todo se va al traste. Un solo descuido y el sistema se derrumba.
    Puso de nuevo manos a la obra.
     
    Un par de horas después el corazón comenzó a latir en un pecho que, hasta ese instante, le era ajeno. Una vida cobraba fuerza… a instancias de otra que solo quedaba en el recuerdo.

    Luis Gutiérrez González

  • Rueda 

    La rueda mutante cambiaba mis facciones, de licántropo a zombiro.

    Samir Karimo

Un cuento y un laberinto

Eréndira Corona EréndiraFantástico 
 Corona

Un cuento y un laberinto

Desde hacía algunos días merodeaba en mi cabeza aquella idea. Una ocurrencia, un tanto descabellada, de estar siendo acechado muy de cerca… por alguien o quizás por algo. Durante las siestas que diligentemente solía tomar en el transcurso de las tardes, había comenzado de pronto a despertar...

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Géneros:

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Un corazón sencillo

Gustave Flaubert

Gustave Flaubert

(Ruan, 1821 - 1880, Croisset)
Cuento de 1877

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Ellos vendrán

Vicente BattistaVicenteDrama
Battista

Escritor invitado

Ellos vendrán

Aníbal Ramos ocupa una silla Thonet (o tal vez sólo se trate de una imitación de silla Thonet, pero ese detalle poco importa), se lo ve cansado y es lógico que se lo vea cansado: esa silla, auténtica o falsa, se ha convertido en su destino final, en la meta, digamos, de una larga caminata: desde Barracas hasta Pompeya....
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Batalla naval

Patricia Licciardi PatriciaDramaPsicologico
 Licciardi

Batalla navalEn un minúsculo punto del universo, nuestros cuerpos se encuentran dispuestos en torno a sendos tableros de juego.
Mientras crece la expectativa, escucho el acompasado sonido del reloj de la sala contigua que marca el comienzo del último partido de la Batalla naval....

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La suerte del sapo

Federico Ochoa FedericoFantástico Ochoa
 
La suerte del sapo
Desde que llegó al pueblo, lo primero que hizo Encarnación, fue mostrar su colosal orgullo y un pedazo de papel que lo acreditaba como médico. Venía acompañado de Mariana, su esposa, citadina hasta el sueño, y de su hija, Antonela, una linda niña que estaba por saltar el cerco hacia la pubertad....

El faro

Edith Vulijscher EdithMisterioDrama
 Vulijscher

El faro

  El quince de diciembre de 1900 la tripulación de un vapor estadounidense vio que en las islas Flannan, ubicadas en la costa occidental de Escocia, el faro, inaugurado un año antes, estaba apagado.
Tres días después, al llegar al puerto envió un aviso de ese hecho tan extraño, pero luego se supo que el mismo nunca...

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Aceite de perro

Ambrose Bierce

Ambrose Bierce

(Ohio, 1842 -- 1914, Chihuahua?)
Cuento publicado por primera vez en The Oakland Tribune (1890)

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El curioso caso de Benjamin Button

Scott Fitzgerald

F. Scott Fitzgerald

(Saint Paul, 1896 - 1940, Hollywood)

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El rabdomante

Álvaro Díaz ÁlvaroFantásticoFilosófico 
 Díaz

El rabdomante

A mí me enseñó a escribir el tío Félix, que era analfabeto. Lo recuerdo sonriendo, con el rostro ajado, nervudo, muy alto, como todos los adultos en aquellos días, taconeando el piso de tierra al compás de un violín que no sabía de partituras. Tocaba muy bien…, creo. Ya no confío en mi memoria, aunque es lo único valioso que me queda...
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Sueño eterno

Servando Clemens ServandoDramaFantastico 
 Clemens

Sueño eterno

 Estaba tan harta y atontada por el trabajo, de la gente y de los golpes de la vida, que olvidaba las cosas con suma facilidad; pero eso únicamente era la punta del iceberg. En una ocasión perdí las llaves del coche y tuve que caminar tres horas. Por fin llegué a casa, sintiéndome más inútil que de costumbre...
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Web stress

Luis Gutiérrez González Luis GutiérrezDrama
 González

Web stress

  Gasté todos mis ahorros en la compra de la mejor computadora existente en el mercado: la de mayor velocidad de proceso, con una enorme capacidad de memoria principal y un volumen en disco duro como para almacenar los conocimientos de media humanidad. Complementé mi adquisición...

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La rosa del desierto

Samir Karimo SamirRomántico 
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La rosa del desierto

 Cada vez que escucho “Desert Rose” de Sting recuerdo a mi amor que no es frío, tampoco lleno de hielo sino una pasión que me hace vibrar. No logro explicar estos sentimientos, ¿serán puros, sucios?, en efecto no lo sé. Pero ella me hace pensar que en este
mundo corrompido todavía hay espacio para un amor...
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El niño prodigio

Ambrose Bierce

Thomas Mann

(Lübcek, 1875 -- 1955, Zúrich)
Cuento filosófico

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Sueño de una noche de invierno

Maksim Gorki

Maksim Gorki

(Nizhni Nóvgorod, 1868 - 1936, Moscú)
Cuento fantástico

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