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Edición de diciembre
Año 1 - Número 1

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Nº 2 - enero
Nº 3 - febrero

Microlecturas

  • Por curioso

    Solo la vi un instante, pero quedé marcado para siempre. Su viva cabellera llamó mi atención y lo penetrante de su mirada trasformó mi existencia.
    Morir me está ahora prohibido… vivir, también.
    No pensé que cosas así pasaran en estos tiempos; sin embargo, de haber sabido su nombre jamás hubiera osado mirarla a los ojos.
    Este claustro de piedra será mi eterno castigo por imprudente y mirón.

    Luis Gutiérrez González

  • Sirimiri
    Empieza a llover, mis manos intentan coger el sirimiri. Esa lluvia menuda que cae blandamente y se deposita en mis palmas. La humedad difumina, afloja y desprende mis huellas dactilares.
    Éstas, como finas líneas, se deslizan, cuelgan entre mis dedos. Con pereza, serpenteando y en zigzag, caen en cascada y desaparecen ante mis ojos. Y así yo me quedo sin identidad.
    Alzo las palmas de mi mano que están en blanco...
    Desolada dejo caer la cabeza sobre mi pecho y bajo la mirada a los pies. Allí veo mis líneas de la vida tiradas en el suelo, al lado de mis zapatos.
    Las recojo, las anudo y ajusto como cordones a mis zapatos.
    Cris Morell

  • Decisiones desesperadas 
    —¿Y si la matamos? —le pregunté a mi amigo mientras ella se distraía por un segundo.
    —¿Estás hablando en serio? —me contestó.
    Claro que lo decía en serio. Esa mujer no dejaba de hablar y de meterse en nuestra plática. Ya me tenía harto porque cada vez que quería opinar algo, ella salía hecha una sabelotodo entrometiéndose en mi punto de vista.
    —Tranquilo, hay que tenerle paciencia, es una mujer ya de edad avanzada y a cierta edad la gente se pone un poco pesada, tenle paciencia— me decía mi amigo mientras ella no paraba de hablar. Una charla de trabajo que normalmente no hubiera pasado de una hora, llevaba ya más de tres horas gracias a ella. Cuatro horas después, mi amigo me decía:
    —Cava más rápido, se está haciendo tarde y aún nos falta echarle la tierra encima.
    Cuauhtémoc Ponce
  • Julito, o El camino de regreso

    El que se va no vuelve nunca; cree que sí, pero la ausencia lo ha cambiado y el que regresa es otro. Sin embargo, es imposible dejar de añorar los sitios donde fuimos felices, nos negamos a entender que esas querencias son épocas y sus lugares pertenecen a otro tiempo.
    Julito lo entiende. Le dicen “el loco del parque”. Pasea entre los árboles sonriendo, atándoles moños azules y abrazando al viento. Los demás creen que habla solo; no imaginan que conversa con los que amó, que encontró el camino de regreso oculto bajo las hojas resecas del olvido. No saben que allí, sólo Julito está cuerdo.

    Álvaro Díaz

  • Inmigrantes
    El tiempo se detiene cada tarde a la misma hora.
    Ellas, originarias de Livorno, cotorrean sin parar sentadas en la vereda y en vernacolo, variante del toscano que ninguna circunstancia vivida les ha hecho olvidar.
    Salen a caminar tomadas del brazo por el Paseo Marítimo, se dirigen a Via Roma 38 y sus miradas se pierden dentro de la casa natal de Modigliani.
    Algunas veces se ruborizan al recordar los primeros encuentros amorosos adolescentes en la Piazza Attias.
    Por un acuerdo tácito ignoran diez años sufridos de guerra, hambre e inmigración.
    Luego activan el reloj y cuando la arena vuelve a caer en el presente, hablan de los hijos, las nueras y los maravillosos maridos que tuvieron, porque sus muertos se han vuelto santos.
    Pero nunca lo hacen en español; el vernacolo es el hilo que las mantiene unidas con el pasado, con sus historias y con los años felices.
    Edith Vulijscher
  • Taumátropo
    Tiré de los hilos por ambos extremos e hice rotar el disco en el centro. Giraba rápidamente, creando como por arte de magia, una esfera transparente que contenía la imagen de ambas caras como si fueran una sola. Un pequeño ruiseñor y una jaula. Intuí que aquello mismo era yo. Dos caras de una misma moneda (que no se me permitía observar de modo simultáneo), distintas entre sí y sin embargo complementarias. Quién entonces, ejercería una acción desde algún sitio inadvertido, partiendo del punto de sujeción, extendiéndose por una línea y desembocando en un círculo, transformando este cuerpo plano en una esfera que habitará otra dimensión (indescriptible para nosotros que solo entrevemos ese lugar como niños espiando a través de la diminuta ranura de nuestros sentidos). Los ojos de qué extraño Dios contemplarían el hiper taumátropo y entenderían el significado de la breve secuencia que presenciaban.
    Eréndira Corona
  • El zombi Frankenstein y la vampira Lilith se unían carnalmente y de esa relación nacía el primer zombirustein.

    Samir Karimo

  • Dilema

    Su cuerpo bañado en el brillo húmedo de las ganas se mueve ondulante ante las caricias precisas del hombre de sus anhelos que, hundido en aquellas ansias voluptuosas, se muestra engreído como un trono en el que ella, y solo ella, sentada en aquellas carnes lascivas, encuentra su nobleza de reina vulgar.
    Yo, que finjo ser una sombra estática y silente ante aquella perfecta escena de romance y placer, les apunto con un frío brillo metálico mientras me pierdo en el dilema de no saber a quién dispararle primero, si a ella por engañarme o a él por envidiarlo.

    Federico Ochoa

  • Boda con guadaña
    Sí, soy su esposa. Esas fueron mis últimas palabras. Hoy le acompaño en cada visita, sembrando el miedo, mostrando mi reflejo sin rostro. He dejado de ser un ligue pasajero, ya no soy la novia de la muerte.

    Fran Márquez

  • Punto final

    El empleado escuchó tocar con fuerza una y otra vez, no le quedó más remedio que abrir. Observó una cara macilenta y unos labios acartonados.
    —¿Qué desea?
    —Todavía tengo historias rondando por mi cabeza —dijo el escritor.
    —Su tiempo se acabó —respondió el sepulturero y cerró el ataúd.

    Servando Clemens

  • Mi geometría
    Desde el cuadrado negro, se insinuaba el día triangular.
    En la elipse de mi vida, tracé varias curvas sin lograr unir todos los puntos.
    Muchas figuras me atravesaron, pero otras se ubicaron paralelas sin lograr intersección con mi existencia.
    Mis días se dividieron en segmentos.
    En algunos me balanceé en trapecios asumiendo riesgos. En otros, me acurruqué en los rincones cóncavos del universo.
    Y por suerte comprendí que en vez de ser el centro de la circunferencia, soy un punto en el espacio.
    Y en ese giro copernicano, cambió el ángulo para percibir la geometría de mi universo. Ahora no soy obtuso.
    Los tamaños y las distancias ya son otros.
    Ese es el punto.
    Patricia Licciardi

Una carta..., ¿dos amores?

Luís Gutiérrez G. Luís Gutiérrez G.
Una carta... ¿dos amores?
Amada esposa mía:
Muchos días han pasado desde que escapaste de casa huyendo de mi fanatismo; de mi incontrolable obsesión por el fútbol. Sé que en nuestra última conversación . . .
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Ante la Ley

Franz Kafka

Franz Kafka

(Praga, 1883 -- Kierling, Austria, 1924)
Parábola publicada en 1915 por el semanario judío Selbstwehr y, en 1919, en "Un médico rural".

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Chocozombi Apocalíptico

y su mundo surreal

Samir Karimo Samir Karimo

Chocozombi Apocalíptico

Estaba caminando por la calle cuando de golpe veo un meteorito estrellando contra el suelo. Me le acerqué, el objeto asumió la forma de. . .
 
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Bajo un tamarindo

Federico Ochoa Federico Ochoa
Bajo un tamarindo
   A la sombra de un palo de tamarindo, estaban Justina Prada y Jubelina Pereira, tratando de encontrarle tranquilidad al calor de aquella tarde, sentadas en dos mecedoras que movían con el vaivén de sus pies y al ritmo de los abanicos. . .

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Es culpa de Schrödinger

Eréndira Corona Eréndira Corona
La culpa es de Shrödinger
Es culpa de Schrödinger. Sí, de él. Que insistió en imaginar a un gato dentro.
Pienso aquello mientras balanceo indeciso el lápiz sobre el papel y observo al minino rodear el cubo acartonado con soltura, y entrar en él de un solo salto. . .
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Cavilaciones de un hombre de hojalata

Patricia Licciardi Servando Clemens
Deambular por el desierto
El robot entra a la última casa de la lista, revisa todos los rincones de los dormitorios, y al no encontrar algo que le provoque interés, se dirige a la cocina. Pasa la mano derecha por. . .

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Vanka

Anton Chéjov

Anton Chéjov

(Rostov, 1860 - 1904, Badenweiler)
Cuento publicado por primera vez en Peterbúrgskaya gazeta, (diciembre, 1886) bajo el seudónimo A. Tchekhonte.

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Berenice

Edgar Allan Poe

Edgan Allan Poe

Publicado por primera vez en 1835 por el periódico Southern Literary Messenger, de Richtmond, Virginia.

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Criador de peces

Edith Vulijscher Edith Vulijscher
Criador de peces
Todo empezó cuando me quedé sin trabajo y un amigo me dijo:
―¿Por qué no te dedicás a criar peces?
―¿Peces? Pero no tengo ni la menor idea de cómo es eso:
―Es muy fácil, vos prepará un lugar en tu casa, yo te oriento y te consigo dos parejas para que empieces. . .
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Deambular por el desierto

Patricia Licciardi Patricia Licciardi 
Deambular por el desierto
Me desperté en la noche un poco agitado, parece que tuve un sueño que me intranquilizó pero no recuerdo nada.
Me asomé por la ventana y vi la luna redonda con su traje de brillantes. . .

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El Bandido, el Comisario y la Cantante de ópera

Cris Morell Cristina Morell

El Bandido, el Comisario y la Cantante de ópera

El Bandido cruzó el puente de camino a su casa, pero no pudo acabar de atravesarlo. Las estrechas calles estaban repletas de policías buscándolo y tenían acordonada la zona. Se detuvo, disimuló y retrocedió. No tenía dónde. . .
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Cadena de azares

Cuauhtémoc Ponce Álvaro Díaz
Criador de peces
Si Chichita no se hubiera plantado frente al espejo desde los dieciséis a buscarse defectos, a inventarlos cuando no los encontraba para convencerse de que no era linda, de que su nariz o los labios carnosos la afeaban, creyendo siempre más las mentiras de su mirada pérfida que la verdad incuestionable reflejada en el cristal; si dos décadas después se hubiera visto. . .
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El solitario

Juán Carlos Onetti

Horacio Quiroga

Publicado en "Cuentos de amor de locura y de muerte" (Sociedad Cooperativa Editorial Limitada, Buenos Aires, 1917).

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El miedo

Ramón del Valle-Inclán

Ramón del Valle-Inclán

Cuento publicado por primera vez en su libro "Jardín umbrío (Historia de santos, almas en pena, de duendes y ladrones)", de 1903.

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La pluma y el pergamino

Cuauhtémoc Ponce Fran Márquez

La pluma y el pergamino

  La tormenta era recia y el mar perturbado rompía la popa en medio de la nada. El frágil galeón sentía crujir su piel de teca, cediendo con las embestidas de la iracunda noche. . .
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El último baile

Cuauhtémoc Ponce Cuauhtémoc Ponce
El ultimo baile2
   Nunca tuve un baile de verdad. Vagamente recuerdo que tal vez, en alguna tardeada de la secundaría a lo mejor bailé con alguien, pero eran bailes de adolescentes, en donde lo que reinaba en aquel tiempo era la música pop que se bailaba por separado. . .
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Niebla roja

Miguel Vararte Miguel Vararte
El vuelo de la mariposa
Pasaba los fines de semana del invierno en mi cabaña del lago, en Devil Mountain, y me gustaba salir en las madrugadas del mes de diciembre a contemplar la caída de las Gemínidas con mi telescopio. El frio hibernal no invita a tan paciente trabajo pero...
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CortazarEntrevista en la librería El Juglar (México, 1983). Una de las últimas entrevistas a Cortázar antes de su fallecimiento, en febrero de 1984.
 

Cruzar

Rita Gómez Orta
Rita F. Gómez Orta
Escritora invitada

La pluma y el pergamino

—Reconozco que solo crucé la calle y entré a la cafetería para ver quién era la dueña de esa mata de cabello —te dije mientras caminábamos de la mano por el Malecón.
Paseaba sin prisa de regreso a la oficina, pero te vi y. . .
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