Mi flor lunar

PsicológicoFilosófico
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Una noche aterciopelada, la flor que he elegido para habitar, abrió sus finos pétalos con una gema redonda y blanca.

Mi propósito es conocer su ciclo, empaparme de los ritmos de la naturaleza, del tiempo. Al fin y al cabo todos estamos en la misma. La diferencia entre esta hermosa flor violácea y yo es que ella no tiene conciencia. Por eso vive sin más propósito que cumplir su propio ciclo y tal vez, a su manera, sea feliz. No acarrea el peso del conocimiento de su finitud, ni de los dilemas existenciales o de los desengaños amorosos. Solo está allí mostrando su belleza efímera.

Ya estoy adentro, no siento nada más que el sonido de un viento tenue que nos balancea y su fragancia exquisita que me embriaga.

Iris - Vincent van Gogh (1889)

El sol transparenta sus pétalos y mi alma. Ella sigue allí impávida, quieta, ligada a la tierra y yo un poco atormentado por tanta paz.

Comenzó un nuevo día con lluvia, las gotas resbalan por nuestras superficies y empujadas por la gravedad llegan a las raíces, que agradecidas, beben desesperadas el líquido vital.

Me siento nostálgico, el ruido incesante de la lluvia me trae retazos de recuerdos que quiero alejar. Mi flor no recuerda nada, está inmersa en un forzoso olvido.

Ya me dispongo a dormir para respetar el ritmo circadiano. Algunos sueños que fabrico con ahínco, me sumergen en una atmósfera lánguida e inmaterial, pero es allí donde lo verdadero y profundo tiene mayor consistencia. En el mundo onírico se derrumban las mascaradas de la realidad (aunque debo decir que en él existen otras) y es por eso que me encuentro tan a gusto.

El jardín de la muerte - Hugo Simberg (1896)

Mi flor tampoco sueña, pensé.

Pasaron muchas lunas y soles, sin sobresaltos ni contratiempos.

Hoy me desperté con el destello tímido de un sol incipiente. Compruebo que mi flor empieza a estar cansada, tiene la columna vertebral torcida. Ha envejecido. Trato de enderezarla pero no puedo, ya no muestra su traje vaporoso, más bien porta un vestido arrugado. Pero no implora a ningún dios que la salve, solo muestra su deterioro a una mariposa decepcionada que levanta vuelo en busca de mejor suerte.

Mientras observo cómo la luna desaloja al sol, comienzo a pensar en la finitud y el laberinto que representa la vida, como un intento desesperado, al menos para muchos, de demorar el encuentro con la muerte. Se fue apagando mi conciencia hasta que la tragó la oscuridad.

Al despertar comprendí que algo estaba mal. La ausculté, estaba agonizando.

Pero mi flor no está triste, ¿debería estarlo?, ni siente miedo, porque no sabe. Soy yo quien tiene que hacer el duelo.

 

Patricia Licciardi

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Etiquetas: Patricia, Psicológico, Filosófico

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