Lo que un día fue ya no será

DramaCiencia Ficción

–Pedro, hijito querido. Ven, siéntate conmigo y come un trozo de pastel de chocolate. Yo misma lo hice. Pasa un momentito conmigo. Siempre andas apurado, tienes que darte un tiempo, un descanso.
Pedro se vistió con un traje gris que ya le quedaba apretado, la panza amenazaba con expulsar otro botón del blazer. Se anudó mal la corbata alrededor de su abotargado cuello. La barba de una semana y media, los ojos irritados e hinchados y las ojeras pronunciadas ya le daban el aspecto de un pordiosero demente.

—No puedo, mamá. Se me hace tarde. Mis compañeros me esperan. Han de estar locos por mi ausencia. Me mandaron un mensaje que decía: UR-GEN-TE.

La anciana vertió agua caliente a la taza, destapó el frasco del azúcar y metió una cucharita.

—No, mamá. Ya sabes que no me gusta el café soluble y que no tomo de ese endulzante.

—Oh, carajo, ya cambiaron tus hábitos, bien por ti. ¿Y en qué trabajan ahora?

Pedro no dejaba de mandar mensajes y audios a sus colegas. El perro que ladraba sin cesar desde el patio trasero le provocaba temblores en el párpado derecho.

—En el mismo proyecto de siempre —dijo Pedro, respirando de manera agitada—. Llevamos diez años perfeccionando la máquina del tiempo, pero los resultados valdrán la pena, créeme.

La señora intentó encender una velita que coronaba el pastel; sin embargo, no lo logró, después clavó el cuchillo en el centro, cortó un pedazo delgado y lo dejó caer en un plato. Pedro se limpiaba los dedos sudorosos con una servilleta para seguir mandando mensajes.

19 Servando—¿Y cuándo quedará ese dichoso aparatito?

Pedro levantó la vista, miró por la ventana para verificar si su vehículo estaba en el lugar de siempre (no se acordaba si lo había dejado allí) y por último gruñó, fastidiado.

—Quizá unos quince o veinte años más. Transportarse en el tiempo no es cualquier cosa, no es juego. Esto será un enorme descubrimiento para la humanidad, no un gran paso, será un gigantesco salto. Yo siento que cada vez nos acercamos más al objetivo. Son asuntos que quizá no entiendas ahora, pero…

Los ojos de Pedro no paraban de bailar, pues los mensajes de texto que le llegaban a su celular eran interminables. La anciana lo tomó de la mano con ternura y lo interrumpió:

—¿Qué harán con esa máquina?

—No estoy seguro todavía. Eso lo decidirá el gobierno o los empresarios. Hay grandes proyectos a futuro. Yo solo soy una pequeña parte del engranaje. Mama, sólo sé que seremos parte de la historia.

—¿Podrán viajar en el tiempo para solucionar problemas? ¿Conseguirán que la gente sea menos desdichada? ¿Tú serás más feliz y más sano?

Pedro titubeó, en lo que enderezaba su adolorida espalda para seguir enviando mensajes a su supervisor de área.

—No podemos intervenir, viejita. Si lo hiciéramos, podríamos crear un caos en el mundo. El efecto mariposa es peligroso. Lo que algún día fue, ya no será. Lo hecho, hecho está. Ya nada se puede arreglar en este catastrófico planeta. Así que ya no podemos vivir añorando el pasado, nosotros tenemos que ver por el futuro.

—Entonces no le veo el sentido. —Hizo una pausa para aguantarse un sollozo que traía atorado desde meses atrás—. ¿Ya fuiste a ver a tus pequeños? Tu exmujer se molestará si faltas de nuevo a la visita. Después tus hijos no querrán verte, ellos ya no te reconocerán.

—Mamá, me toca ir a verlos los sábados, acuérdate. Hoy es lunes.

—Hoy es sábado, hijo. Y la semana pasada no fuiste al panteón a ver a tu viejo. Tu papá cumplía años y no te acordaste de llevarle flores. Recuerda, lo que un día fue, ya no será… y hoy es mi cumpleaños. Y mañana tengo cita con el medico porque yo… —la anciana empezó a lloriquear. Un trocito de pastel cayó encima de su desgastada falda.

Pedro abrió los ojos como sapo aplastado. Se le formó una bola de flema pegajosa en la garganta que le impedía decir alguna palabra sin quebrarse. Se incorporó, le dio abrazo y un beso en la frente a su madre. Luego pensó en todo lo que pudo haber hecho, quizá aún estaría casado y sería feliz con sus hijos. Tal vez hubiera estado presente durante los últimos días de su papá. Posiblemente habría ido a la graduación de su hijo mayor. Existían muchas realidades alternas; sin embargo, en el mundo de Pedro ya nada podía revertirse, ¿o sí?

Pedro se secó las lágrimas con la manga, sacudió la cabeza, apagó el celular, lo guardó en el compartimento más escondido de su maletín y reflexionó:

La vida no da treguas ni mucho menos acepta reversas, o te tiras al vacío de cabeza para alcanzar tus metas o te quedas en la orilla mirando cómo da volteretas el planeta. Bueno, y qué carajos importa si te quedas un rato contemplando cómo gira y gira la Tierra, ¿no? De todas formas el tiempo pasará sobre ti hagas lo que hagas, te cobrará factura y luego te hará añicos sin contemplaciones.

—Mamá, sí voy a querer un trozo de pastel y un café, no importa que sea soluble. ¿Aún hay tiempo de festejar?

—Todavía queda un poco, querido, solo un poquito de tiempo.

El reloj se detuvo para Pedro, permaneció en silencio, disfrutó el momento y después de un rato sus ojos se convirtieron en una cascada.

 

Servando Clemens

 

Etiquetas: Servando, Drama, Ciencia Ficción

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4 comentarios en “Lo que un día fue ya no será”

  1. Sábado, 09 Octubre 2021 03:24

    Gracias por el cuento, Servando. Las cosas más simples de la vida,  como el departir con la familia, nos provocan felicidad. Y cuidado con esos aparatos que absorben nuestro tiempo.

  2. Viernes, 08 Octubre 2021 03:38

    Muy bueno y aleccionador el cuento. No dejemos de vivir lo importante, por correr detrás de utopías absurdas y engañosas.

     

  3. Jueves, 16 Septiembre 2021 20:50

    Extraordinario. Gran lección de vida: por un mañana incierto nos olvidamos de él HOY

    1. Jueves, 16 Septiembre 2021 21:21

      Muchas gracias por el comentario. 

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