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Indomable

Drama
Indomable
 

El bombardeo que destruyó el pueblo te arrebató tu lugar, tu familia y hasta tu trabajo, te salvaste por azar o porque el Dios en el que confías así lo quiso. Ese día no habías ido al taller de costura y tampoco te encontrabas en tu casa, el desastre te pilló cerca del refugio y hacia allí corriste.

Pero ni la desgracia podría doblegarte Conchita, porque llevas ese nombre que te ha marcado desde pequeña. Ni tu madre, que te llamó María Conchita al nacer, te mentó con el primero, María sugería quietud, santidad. Tu personalidad estaba lejos de todo eso, fuiste la niña inquieta, traviesa, a la que la voz enérgica de tu madre reprendía con un ¡Conchita, ¿otra vez tú?! ¡Conchita, compórtate!, ¡Conchita no repliques a los mayores! Pero ninguna de esas reprimendas pudo contigo, quién sabe si el motivo no haya sido que en esa casa no hubo hombres, ni padre conocido que pusiera un poco más de ley. Lo cierto es que siempre has sido Conchita la indomable. Y ese carácter que tanto te han criticado es lo que te salvará.

IndomableEstá decidido, subirás al buque que te llevará a “hacer la América”, como dicen tus paisanos, con apenas lo puesto y algún dinerillo que has sabido ir ahorrando, pese a las penurias, y pese a la guerra. Eres obstinada y cuando te propones algo nada ni nadie logrará quitarte del camino que te has trazado. Conchita la obstinada, al decir de tu tía. Conchita la rebelde, aún te parece escucharle decir a tu abuela.

La travesía fue tremenda, espantosa. Pasaste la mayor parte descompuesta y vomitando, pero eso no te hizo perder ni un ápice de la esperanza que ha quedado intacta. Has hecho algunas relaciones con gallegos entre los cuales tu nombre ya ha adquirido fama pues tienes salero, buen humor y contagias esa alegría innata que tanto agradaba a tu madre. También se acercaron a ti españoles de otras provincias y muchos han intercambiado direcciones adonde supuestamente irán, por lo menos en un principio. Tú en cambio no conoces a nadie, no hay ni amigos ni parientes que se hayan animado antes a esta aventura. Pero la solidaridad entre los que comparten las mismas desgracias siempre ha sido como una bendición y la agradeces. Ya te han explicado en el barco, que existe un hotel llamado de Los inmigrantes que alojará a los que como tú no tienen ubicación. Eso te ha quitado la incertidumbre y los nervios que quizás también contribuyeron a tus descomposturas. Será solo por los primeros cinco días, pero has estrechado amistad con Carmiña, una joven igual que tú, que irá a la casa de una tía y te ha dado su dirección, su tía le ha dicho que, aunque se trata de un conventillo (te ha tenido que describir qué era eso, pero ya captaste la idea) hay piezas libres esperando por más inquilinos y también allí reina la solidaridad.

Nunca has sido de llorar con facilidad y esta no será la excepción, al contrario, tu férreo carácter te da esa dureza necesaria ante tanta adversidad. Ni siquiera has podido hacer el duelo por la muerte de tu madre y de la dueña del taller de costura que era para ti casi como una segunda madre, y te preguntas si acaso te permitirás sentir la tristeza y congoja que esas pérdidas seguro te han producido, aunque las quieras negar.

Y finalmente arribaste a Argentina, en migraciones han sido muy amables y un solícito empleado cuando estaba por llenar tus papeles te mencionó que haría un pequeño cambio en tu nombre para evitarte disgustos, no comprendiste bien a qué se podía estar refiriendo pero eran tantas las cosas nuevas a tu alrededor que asentiste y sin mirar nada subiste al carro que te llevaría junto con muchos otros al mencionado hotel.

Nada que sea digno de mencionar viviste en esos cinco días, te alimentaron bien, pudiste darte unos buenos baños y descansar, aun en ese recinto compartido con infinidad de personas, y también observaste que las mujeres inmigrantes se parecen en el silencio, en las miradas tristes, en las manos temblorosas y en las cabezas cubiertas con pañuelos o pañoletas, como si protegerlas con algo las protegiera también de vaya a saber cuántas desgracias. Pero tú no, nunca te gustó atarte pañuelos, dices que no te favorecen, de modo que ¡ala! A cabeza descubierta y pecho a lo que venga, esa eres tú Conchita.

Cuando te sentiste con fuerzas recuperadas buscaste información para dirigirte al conventillo de Carmiña. El lugar te resultó un poco más deprimente que lo que habías imaginado, pero la posibilidad de compartir tu vida con una posible amiga te ayudó a decidir y rentaste un cuarto. No era muy amplio pero sí con lo indispensable y sobre todo: limpio. También la casera te agradó y sintiéndote casi contenta fuiste al hotel a retirar tus pertenencias. Pero antes de retirarte, procuraste información sobre posibles trabajos de costura obteniendo un puñado de direcciones.

Te sientes optimista, ya tienes un lugar para alojarte, posibilidad de trabajo en este país al que tal parece que hay que comenzarlo de cero, y hasta una posible amiga. Y el dinero que has traído te permitirá vivir unos meses, aun si no consigues trabajo pronto, por lo menos seis meses. Y ya has pensado que si no es como costurera, modista o ayudante de taller, buscarás de lo que sea, nunca le has hecho asco a nada y menos al trabajo. Aunque no dejas de lado tu sueño de estudiar peluquería.

Ya estás en tu nuevo domicilio, la casera te pide los papeles y te nombra, por primera vez escuchas mencionar tu nuevo nombre: María Concepción. No ha ocurrido antes en el hotel de los inmigrantes pues allí todo el tema del papeleo ha sido automático entre los empleados y para el resto de los inmigrantes has seguido siendo Conchita. Ahora, tus ojos se abren grandes como perlas negras, las cejas interrogan y tomas los papeles para cerciorarte si no es que te han entregado los de otra persona, pero no, los números coinciden, tu procedencia, las fechas, el nombre de tu madre, todo está bien, salvo que has dejado de ser Conchita ahora eres Concepción.

IndomableComo a la distancia escuchas a la casera respondiéndote que no puedes seguir llamándote Conchita que en este país esa es una mala palabra, que serás el hazmerreír, que nadie querrá nombrarte, que si insistes ni trabajo te darán, dices gracias, tomas los papeles y te encierras en tu cuarto. Ahora sí, el derrumbe total, ahora sí el bombardeo te ha alcanzado, lloras Conchita, lloras por todo, por tu madre, por la gente que amaste, por tu patria, por tus costumbres que te verás obligada a cambiar pero sobre todo lloras con desesperación porque no sabes si podrás soportar perder tu nombre, esa eres tú, ese nombre te nombra, te llama, a su llamado acudes, te identifica, te construye y te sostiene, sin un nombre no se es nadie, y usurpando otro que no te pertenece tampoco se llega a ser alguien ni se llega a ser la que ya se era.

Llora Conchita, llora hasta que el cansancio te seque los ojos y te duermas, mañana será otro día.

Pero mañana no llegó, llevas una semana sin salir de tu cuarto, solo cuando sabes que no hay movimientos en el patio sales para comprar alguna fruta o un poco de pan y queso y te vuelves a encerrar. No quieres hablar con nadie, pues lo primero que ocurrirá será que te pregunten tu nombre y tú, rebelde e indomable, dirás Conchita, lo sabés, harás eso y aún no te sientes preparada para dar esa batalla.

Tu amiga ha golpeado la puerta, te llama, ella te nombra Conchita, ella no es argentina, para ella tu nombre no es mala palabra, pero tampoco tienes ánimo y le has respondido que te disculpe que te duele la cabeza. Aún no decides qué harás, solo lloras y lloras, por todo, el duelo se ha instalado y le has hecho un lugar en tu interior. Quizás esté bien Conchita, es necesario atravesarlo aunque duela, o se enquistará y no te permitirá seguir adelante. Llora Conchita, hazlo, date permiso, llora.

Y te lo permitiste, ha transcurrido un mes, la pobreza no permite duelos largos. Has reflexionado mucho y tomado una decisión, está bien, harás una pequeña concesión, que te dejen ese horrible nombre en los papeles pero cuando te presentes dirás que todos te llaman Concita, total la hache es muda pensaste e incluso sonreíste. Concita, diminutivo de Conce, y volviste a sonreír con la ocurrencia. Y solo así admitirás ser nombrada: Concita, pero no por mucho tiempo, porque estás dispuesta a triunfar, no serás pobre ni obrera para siempre, tu sueño es llegar a tener tu salón de coiffure porque el tuyo no será una simple peluquería, y como cuando Conchita se propone algo nada ni nadie logrará quitarla del camino que se ha trazado, seguro que lo lograrás, serás Concita mientras recorras el trayecto y volverás a ser Conchita la dueña del “Salón de Coiffure Internacional” cuando llegues a la meta propuesta.

CuauhtémocC

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6 comentarios en “Indomable”

  1. Viernes, 20 Agosto 2021 22:45

    Cierta vez tuve un problema con una amiga que vive en Concepción, Chile. Yo soy mexicano e hice alusión a que ella vivía en La Concha. Tuve que explicarle lo de Concepción-Concha. Incluso, en México, existe un pan de dulce que se llama concha.

    Una historia bien lograda de lo que vive un inmigrante. Gracias por compartirla, Edith.

    1. Sábado, 21 Agosto 2021 08:11

      Hola Fernando, gracias por leer y comentar, conozco ese pan, cuando estuve en México (en Tizimín) todas las tardes pasaba el panadero con su carrito ofreciendo todos los panes, si yo quería uno de esos lo señalaba pero no me salía pronunciar la palabra,  lo mismo me pasaba con el símil de nuestro dulce de leche que allí lo llaman ca.... que aquí también es una palabra muy grosera. Saludos

  2. Lunes, 16 Agosto 2021 12:40

    Hermoso relato Edith. Felicitaciones.

    1. Martes, 17 Agosto 2021 19:20

      Hola Marcelo, gracias por leer y comentar, saludos

       

  3. Domingo, 15 Agosto 2021 09:24
    1. Edith, mis ancestros bajaron de los barcos y fueron al hotel de los inmigrantes y por supuesto les cambiaron sus nombres.
    2. Muy  correctamente ambientado, lo que hace ruido es el “tu”, debido a que no estoy debidamente acostumbrada a escucharlo. 
      ¿Está en segunda persona?

    1. Domingo, 15 Agosto 2021 12:33

      Hola Felisa, gracias por leer y comentar, efectivamente es narrador en segunda y dada la identidad de la protagonista debía dirigirse a ella de "tu".  Saludos

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