El encuentro

DramaRomántico
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La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente…

Julio Cortázar

MARIA

Una vez más pasó delante del cuarto vacío y le volvió a rondar la misma idea.

Es el cuarto del hijo emigrado, la computadora le hace guiños; sus cantos de sirena le prometen mundos nuevos, ventanas por abrir, gente por conocer, encuentros anónimos. Duda: ¿podría volver a sentirse apasionada?

Le gustaría dejar de manejarse como una autómata, repetir las rutinas con la misma exactitud que el tic tac del reloj de pared que, implacable, no deja de marcar el tiempo que pasa y se pierde, los minutos sepultados, igual que su matrimonio, en el acostumbramiento de que el otro siempre esté ahí y creer que es una necesidad que así ocurra.

Veinte años casada con ese hombre del que no le importa nada y al que tampoco le interesa nada de ella. Ni siquiera comparten el mismo cuarto, excusas de esposos hartos, ”vos roncás”, ”vos lees hasta tarde”.

Ya ni discuten, no hay agresiones aunque esa indiferencia duele más. Ella es incapaz de plantear una ruptura y él, Juan, no parece incómodo con la situación.

Finalmente se decidió. Comenzó explorando la red con cierta timidez, los primeros meses navegó por la cultura, los eventos, las noticias. Después Facebook, juegos con otros, posteos propios y likes en los ajenos, pero nunca fotos, eso no le agrada. Finalmente alguien que le propone un diálogo por el messenger. Y entonces el vértigo, los encuentros en horarios programados y ella insomne, a la espera de esos momentos.

¡Y la pasión! Otra vez se sentía vital, ansiosa como en su juventud.

Alguien la requería, sintonizaba su misma frecuencia, se estimulaba con las mismas cosas y los mismos anhelos, aquellos que comenzaban a despertar nuevamente dentro de ella.

Un acuerdo tácito se había instalado en ese vínculo, no hablaban de sus vidas y menos de sus historias, todo debía ser en tiempo presente, nuevo: gustos, opiniones musicales, literarias, lugares visitados, proyectos, preferencias. Tampoco se preguntaron por el aspecto físico, a ambos parecía no interesarle, de todos modos cuanto más intercambiaban más sentían estar predestinados al encuentro…, quizá al amor.

Los amantes – René Magritte (1928)

JUAN

Ni siquiera notó que María estaba rubia y con peinado nuevo.

Hacía muchos años que él vivía en su mundo, libre, no pedía ni rendía cuentas en su matrimonio. Se sentía bien viviendo así porque, a diferencia de María, él no se planteaba nada. Si nadie le demandaba algo estaba todo bien. Además en el trabajo tenía mucho tiempo libre y le encantaba chatear, siempre estaba conociendo gente, sobre todo mujeres, las que buscaran lo mismo que él, compartir momentos sin ningún compromiso, o alguna “transa” rápida de esas de las que después no se recuerdan ni las caras ni los nombres, lo que fuera, todo le venía bien, hasta que algo falló, un mayor enganche en un chat, conversaciones interesantes que hacía tiempo que no tenía con alguien, muy buena onda con mucho humor, algo le estaba picando y de eso se dio cuenta cuando ya era tarde para ignorarlo, porque realmente estaba interesado.

Cada uno por su lado hizo la “cita a ciegas”, seguros de reconocerse porque sabían que cuando una persona espera la llegada de otra tiene un modo de mirar especial, expectante, una actitud corporal distinta, que sutilmente indica “aquí estoy, soy yo, ¿vos sos vos?” y que lo esperado iba a acontecer sin inconvenientes.

Él llegó cinco minutos tarde y al ver a su esposa sentada en la barra sus piernas flaquearon, dudaba si seguir hacia adentro o retroceder, pero cuando ella volcó el café porque lo había visto, no pudo dejar de acercarse y preguntarle, no porqué estaba rubia, que fue lo primero que notó, sino qué hacía allí; ella balbuceó una excusa de haber estado con una amiga que acababa de irse y él en que deseaba un café antes de volver a casa. Se sentaron en un apartado para que él lo tomara, apostando ambos en silencio a que la mujer y el hombre que debían presentarse, al verlos juntos, no sospecharían que ellos eran los de su cita. En su afán de parecer una pareja y para evitar un encuentro conflictivo, comenzaron a conversar acercándose cada vez más. Otras personas entraron y salieron del local, pero ellos, temerosos, procuraron ignorarlos. Nunca se supo si fue el lugar que ambos habían elegido, quizás por recuerdos juveniles, una coqueta confitería, intimista, en penumbras, con música suave de fondo, o si que, después del café, decidieron ir a cenar. Lo cierto es que una vez allí, él pidió aquel buen vino que, recordó, era preferido por ella, y ella propuso elegir el menú para los dos, porque también tuvo en cuenta los gustos de él, ignorados en los últimos años, en los que ya no cocinaba para los dos. Y como una cosa siempre lleva a otra, empezó la rememoración del inicio, la juventud, los años felices…, y de a poco se fueron redescubriendo, reencontrando, tenían muchas cosas atesoradas, valiosas.

Dos horas más tarde, de regreso a casa, él la tomó de la mano y ella la apretó con sensaciones olvidadas que volvían a despertar.

…”Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle, no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina”

Julio Cortázar

 

CuauhtémocC

Etiquetas: Edith, Drama, Romántico

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15 comentarios en “El encuentro”

  1. Sábado, 24 Julio 2021 03:51

    Me encantó tu cuento Edith, qué bien retratado el desgaste y acostumbramiento de la pareja, en la que cada uno hace la suya, pero el final es sorpresivo y esperanzador. ¿Por qué no? ¿Es posible que renazca la magia perdida? Creo que, dure lo que dure, el intento de rescatar el amor, vale la pena.

    Muy oportunas las citas de Cortázar. ¡Felicitaciones! 

    Un abrazo

    1. Sábado, 24 Julio 2021 14:10

      Hola Hilda, muchas gracias por tu visita, lectura y sobre todo el comentario, qué bien que te haya gustado. Saludos

  2. Viernes, 23 Julio 2021 07:15

    Edith:

    Excelente epígrafe como introducción a la rutinaria vida de esa pareja. Narración fluida que nos lleva de la mano hasta el final impredecible por la fuerte dosis de romanticismo. ¿Por qué no? sí puede pasar, el cambio de look ayuda y, por lo menos esa noche, revivirían esas sensaciones olvidadas. Al despertar otra vez: “La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que..." 

    1. Viernes, 23 Julio 2021 14:11

      Hola Fernando, muchas gracias por leer y dejar el comentario, qué bien que lo hayas considerado así, saludos.

  3. Sábado, 17 Julio 2021 22:44

     Me gusto..muy bien narrado. Me intrigo en el cuento que ninguno de los dos en la red haya percibido tantas coincidencias con su pareja...fijate como me introduje en el relato..que me olvide...que era un relato

    1. Domingo, 18 Julio 2021 13:46

      Hola Ana María, muchas gracias por tu comentario, aunque  no nos conocemos, te voy a dar una respuesta por mail. Saludos

  4. Viernes, 16 Julio 2021 12:48

    Exquisito. Con una temática bien actual y con un final que, más de una mujer desearía para sí. Reavivar el amor con su pareja. gracias por compartir, saludos

    1. Viernes, 16 Julio 2021 14:03

      Hola Silvia, muchísimas gracias por tu comentario, saludos

  5. Jueves, 15 Julio 2021 17:10

    Excelente cuento, si bien es poco probable que ocurra lo narrado, siempre deja la esperanza que pueda suceder. Es uno de los encantos de la literatura, que nos haga pensar en aquellas cosas que tal vez sucedan y que mejoren nuestras vidas. Gracias Edith.

    1. Jueves, 15 Julio 2021 18:57

      Hola Gustavo, qué lindo tu  comentario, y sí, la literatura nos da un muy buen recurso, muchas gracias, (y disculpas, vos ya sabés porqué), saludos

  6. Jueves, 15 Julio 2021 16:52
    1. Encantadoramente narrado, es de forma definitiva una utopía de la magistral escritora.
    1. Jueves, 15 Julio 2021 18:47

       

       

    2. Jueves, 15 Julio 2021 18:53

      Hola Felisa, muchas gracias, pero ¡qué exagerada con tu calificativo!!

  7. Jueves, 15 Julio 2021 14:35

    me ha gustado. cosas que pocas veces ocurren

    1. Jueves, 15 Julio 2021 18:59

      Hola Zeev, encontrarte por aquí también es una de las cosas que pocas veces ocurre, jaja. Te agradezco mucho que visitaras nuestra revista y sobre todo que hayas dejado un comentario, muchas gracias.

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