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El primer día de clase

DramaPsicológico

Al sonar el timbre, los niños avanzan con paso de oruga, en formación militar. Uno de ellos sale de la fila. La brisa sacude las hojas de los árboles y le da invisibles lametones en el pelo. El niño comienza a saltar desde la rampa al patio y del patio a la rampa, ignorando la llamada de la maestra.

Capricho 37: “Si sabrá mas el discípulo?” - Francisco Javier de Goya (1797-9)En el interior del aula, la maestra le conduce a un rincón y le deja pensando. El niño gimotea un poco y piensa, sí. Lo hace. Recuerda la voz de su madre al despertarse, dándole los buenos días y su gato saltando sobre la cama. La leche y las galletas, también el zumo de naranja, amargo y ácido que ahora le obligan a beber. Piensa en el beso de su padre al despedirse, con la consigna del día: pórtate bien y obedece. Hasta que la maestra vuelve a sacarlo del rincón, interrumpiendo sus cavilaciones. ¿Has pensado en lo que has hecho? El niño asiente con la cabeza, porque ya sabe mentir y se dirige a su mesa.

Una compañera le da una patada por debajo y otra le quita de la mano el color marrón con el que se disponía a colorear la hoja de otoño que tenía enfrente, una hoja blanca, vacía, con el contorno negro. Una prisión para los colores que el esparce con sus manos todavía descoordinadas. Quiere llorar y arruga el labio inferior para expresar su descontento, pero nadie parece percatarse. Así que se inclina sobre la mesa y arrebata el color marrón a su compañera, ejerce así una suerte de justicia primitiva. La maestra detecta la maniobra y le obliga a volver al rincón.

El niño mira la oscura esquina de ladrillo. Piensa en su cajón lleno de coches de juguete, también en la apisonadora y la pala retroexcavadora. Mete la mano en el bolsillo y siente el tacto metálico: un coche de policía, escondido u olvidado, lo mismo da. Lo saca con cautela y hace rodar por la pared. El viaje dura poco, porque una compañera le delata y la maestra lo requisa, guardándolo en el cajón.

Ahora el niño está solo en un pequeño despacho. Es la hora de religión y mientras el resto de sus compañeros reciben la instrucción que les conduce por el camino recto, el niño, descristianado por voluntad paterna, arde en el infierno del ostracismo. Un maestro joven, masticando un bocadillo, abre la puerta de vez en cuando y le inspecciona de arriba abajo, para cerciorarse de que sigue vivo. Le acaricia el pelo: si te portas bien te enseño un par de golpes de Kárate. El niño sonríe y se imagina rompiendo ladrillos, dispuestos en torres, con el canto de la mano. Mira los rincones, que esconden castigo y reflexión. Piensa en el pelo suave de su madre, que le roza las mejillas al besarle y la galleta que esconde debajo de la almohada.

A la hora de la salida, la maestra aborda a la madre. El niño no hace caso. El niño no come. El niño se aguanta el pis y se lo acaba haciendo encima. El niño no aguarda en la fila y se pelea con sus compañeros. La madre, abrumada, siente cada frase como un martillazo y mira a su retoño, arduamente concebido, arrastrando su coche de policía por la pared de ladrillo, ajeno a la reprimenda. Bueno, no del todo. El niño digiere aquellas miradas de desaprobación, las órdenes que caen sobre su cabeza, la celda que los mayores llamaban “aula”, donde las normas deben acatarse para no sufrir tormento. Siente calor en las mejillas y ganas de morder. Se coge de la mano de su madre, para volver a casa, pero el tacto es frío y su cuerpo, suave y blando, donde al niño le gusta arrebujarse, está tan tenso como si fuera de madera. El niño entonces cierra los ojos y ve a su maestra, riendo y abriendo la boca y su lengua desenrollándose y atrapando su cuerpo como una boa y engulléndolo por fin.

 

Gerardo Vázquez

 

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6 comentarios en “El primer día de clase”

  1. Viernes, 25 Junio 2021 22:27

    Me atrapó tu cuento, muy bien escrito y claramente delineado el personaje.

    1. Sábado, 26 Junio 2021 11:53

      Gracias, Hilda, me alegro que te haya gustado. Saludos. 

  2. Lunes, 21 Junio 2021 02:23

    Una estupenda recreación de la entrada a clase cuando inicia el curso y un relato desgarrador para esos niños que no reciben la atención necesaria y a los que se intenta "corregir" a base de reprimendas. 

     

    1. Sábado, 26 Junio 2021 11:52

      Hay niños que son piezas discordantes y el sistema los encaja a la fuerza, la educación aunque con buena intención, es demasiado homogénea. Gracias por tu comentario. 

  3. Sábado, 19 Junio 2021 23:01

    Bonito cuento. Ya habrá tiempo para adaptarse al salón de clases y a las reglas del colegio (y de los mayores). Será por su bien. Por otro lado, este relato contiene bellas imágenes poéticas.

    1. Sábado, 26 Junio 2021 11:50

      Gracias por tu comentario, Fernando. Ese niño sigue siendo un rebelde pero no le ha quedado más remedio que seguir la corriente, como dices, por su bien. 

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