El circo de las mariposas

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De un brinco, Manú aterrizó en medio del charco como un meteorito que impactara en la superficie líquida. Las gotas cristalinas salieron proyectadas, alborotando a la caterva de pequeñas mariposas de todos los colores que volaban alrededor de su cabeza y que, con el batir de sus alas, desplegaron un carnaval de los colores más diversos: naranja, amarillo, aguamarina, verde esmeralda, carmesí…

01 Eréndira—Miren, miren. ¡Qué bonitas! —decía Manú emocionado a los otros chicos que pasaban por ahí y lo observaban con un dejo de curiosidad, pero sin detenerse a jugar con él.

Lo consideraban un bicho raro y a causa de eso a menudo le rehuían, manteniéndolo apartado de la tropa de juegos.

—¡Hey, tú!, deberías montar un espectáculo de circo con esos bichos… ¡Fenómeno! —le gritó alguno a Manú, mientras los demás rieron con burla y siguieron su camino. Todos, excepto uno.

—Vaya que eres extraño, pero tienes razón, son muy lindas… y son un montón. Puede que después de todo no sea tan mala idea intentar enseñarles a hacer algunos trucos y así callarle la boca a los demás chicos. Bueno me tengo que ir o me dejarán fuera de clase. ¡Nos vemos!

—Espera, ¿cómo te llamas?

—Uri..., me llamo Urizen —alcanzó a gritar mientras se alejaba.

Después de aquel episodio, Manú caminó de regreso a casa donde lo esperaba su madre, quien desde hacía unas semanas se encontraba muy enferma; y su padre, que aunque pasaba días y noches trabajando, apenas lograba conseguir el sustento necesario para su familia. La tarde anterior habían recibido la visita del doctor sin obtener noticias alentadoras, pues la señora debía comenzar un tratamiento y esto requería un esfuerzo extra para comprar las medicinas. Esa noche Manú se fue a dormir más temprano que de costumbre, juntó sus manos sobre un costado y cerró los ojos, poco a poco su respiración se hizo más apacible hasta igualar el ritmo de las alas de sus mariposas que se abrían y cerraban lentamente, mientras permanecían posadas a su alrededor.

La mañana siguiente salió de casa para buscar un poco de agua y recoger unas cuantas ramas secas. No podía dejar de pensar en cómo ayudar a su familia a conseguir el dinero suficiente para todo lo que hacía falta, hasta que de pronto resonó en su cabeza la breve charla que había sostenido el día anterior y decidió poner manos a la obra.

En la parte alta de un montículo yacía un arbusto de lilos de verano cuyo néctar resultaría irresistible. No dudó en comenzar a trepar, siguiendo un camino escarpado. Cuando estuvo a centímetros de alcanzarlo tuvo que estirar su cuerpecito.

02 Eréndira—Un poco, solo un poco más y…

¡Paf! Manú rodó al suelo con todo y mariposas alrededor.

—Manú… Manú… ¿Te encuentras bien? Te diste un buen golpe. ¿Qué estabas haciendo allá arriba? —preguntó Urizen que había visto el incidente a lo lejos, de camino a casa y corrió en su auxilio.

El chiquillo abrió su mano derecha y dejó ver el hermoso ramillete de lilas.

—Necesitaba alcanzarlas. Es el néctar preferido de mis mariposas. Desde hoy comenzaré a entrenarlas. ¿Quieres ayudarme? Todavía no estoy muy seguro de qué debo hacer.

Su nuevo amigo le tendió una mano y lo ayudó a ponerse en pie.

—¡Tengo una idea! —dijo al mismo tiempo que echaba un vistazo dentro de su mochila revolviendo el contenido— Tienes suerte, aquí traigo algunos materiales que me sobraron en clase.

Entonces, ambos se sentaron en medio del pasto y Urizen sacó de su maleta: regla, compás y unas hojas de cartulina. Tomó unas cuantas medidas, hizo algunos trazos y después unos recortes. Enseguida colorearon y unieron las distintas partes con pegamento. Al cabo de un rato, tenían lista una estructura en forma cúbica y otra que asemejaba una pequeña carpa.

—¡Wow! Ahora sí que tienes todo casi listo para tu circo de mariposas.

—Espera Uri —espetó Manú, mientras arrancaba un trocito de hilacha que colgaba de su ropa para tenderla a modo de cuerda floja entre dos ramitas secas.

—Muy bien, ahora el siguiente paso.

Ambos se miraron asintiendo al unísono. Manú desprendió una lila del ramillete, hizo unos pases sutiles con ella frente a su rostro y una de las mariposas que le sobrevolaban persiguió la estela del movimiento descendiendo hasta la cuerda adonde había dirigido la flor. La mariposa se posó sobre el hilo y extendió su espiritrompa para comenzar a libar, en tanto era guiada con el movimiento de la mano que sostenía la florecilla, hasta llegar al otro lado del recorrido.

A este primer truco siguieron muchos otros con los cuales, pasado un tiempo, Manú consiguió montar un pequeño gran espectáculo. Las aclamadas presentaciones incluían un increíble número de mariposas adivinas, que cuando el espectador se animaba a dar alguna moneda extra, tres de ellas volaban en modo sincronizado para devolverle a cambio un papelillo de la suerte. Luego estaba el carrusel de mariposas donde planeaban en círculos formando una calesita multicolor que resultaba hipnótica ante los ojos de los espectadores; los mismos cuyas miradas después se encargaba de reclamar la mariposa clavadista descendiendo verticalmente sobre un pequeño cuenco con agua. También tenían su propio número de magia las mariposas ilusionistas, que alzaban al vuelo una hoja seca tras la cual escondían a una de sus compañeras y luego al dejarla caer, alguna otra de colores más vivos rápidamente tomaba su lugar…

03 EréndiraLlegaron personas de todos los pueblos cercanos para asistir al circo de las mariposas. La gente se arremolinaba para poder contemplar el espectáculo que encerraba tanta gracia y fantasía. Manú se volvió popular entre los chicos y obtuvo la admiración de todos. Y las mariposas ya no volaban libres alrededor de su cabeza, ahora siempre que finalizaban el espectáculo las resguardaba en una caja de cristal con hermosos grabados. ¡Con qué maestría manejaba a sus mariposas!

Al pasar de los años, los pequeños insectos habían perdido junto con su libertad, su hermoso brillo. Se puede decir que incluso entristecieron y una a una se fueron debilitando, sus colores se apagaron y finalmente dejaron de reproducirse. Tras desaparecer la última generación, el circo de las mariposas cerró de forma definitiva sus puertas. Sin embargo, Manú, que ahora era un joven, había podido sacar de apuro a sus padres, mudarse al centro de la ciudad y continuar sus estudios gracias a las generosas ganancias.

Algún tiempo después volvió de visita al pueblo durante una mañana lluviosa. Al llegar por el sendero que daba a la colina, tras la que otrora se encontrara su antigua casa, dejó su equipaje en el piso y corrió hacia ella entre los charcos, echando de menos los días de su infancia, mientras las gotas de agua ahora eran solo eso y salpicaban sus pantalones de lino, y el par de finos mocasines se le empapaban. Manú sintió como si la elegante ropa que lo vestía de repente se hubiese encogido, aprisionando su cuerpo. Aquella sensación lo impulsó a deshacerse primero del saco y después del chaleco, lanzándolos por el aire. Dicho gesto le quitó más peso del que realmente poseían ambas prendas.

Luego se detuvo un instante para sacarse los zapatos y al agacharse para hacerlo, reparó en un pequeño arbusto de lilos entre cuyas flores, sobre las que fulguraban las gotitas de agua, pendía cual hermosa gema, la silueta palpitante de una traslúcida crisálida.

Eréndira Corona
 

 

Etiquetas: Eréndira, Fantástico, Filosófico

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2 comentarios en “El circo de las mariposas”

  1. Jueves, 16 Septiembre 2021 04:31

    Un tierno cuento fantástico.

    1. Jueves, 30 Septiembre 2021 01:57

      Hola Fernando! Gracias por ser fiel lector ☺️. Un abrazo. 

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