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El artesano

RománticoErótico
El artesano

Si tuviera diez años menos te compraba esos ojos.

Estás a tiempo mi amor.

Ojo de pájaro - George Valmier (1923)Continuó caminando, sonriente, otros artesanos se acercaban presurosos a ofrecerle su mercancía, ella no podía dejar de asombrarse por ese comentario que, como pronunciado por otra persona, había brotado directo desde su pensamiento hacia su boca. Pero esos ojos celestes, profundos, transparentes, enormes, podían hacerle perder la compostura a cualquier mujer, pensó.

Horas después se encontraban en el cuarto de su departamento, ella desnuda, con su espalda recostada sobre varios almohadones, observaba divertida cómo el portador de los ojos más bellos del mundo, iba sacando de una bolsa colorida, hippie, todo tipo de bijouterie: aros, anillos, collares y pulseras, plateados y dorados con hermosas piedras de todos colores que iba colocando en la cama a su alrededor, enmarcando su cuerpo.

María lo dejaba hacer, poco a poco él fue adornándola. Colocó collares con cristales rosados alrededor de sus pálidos y apacibles senos y ella quedó vibrando.

Atravesó el centro de su pecho, desde el cuello hasta la cintura, con una brillante cadena dorada, culminó el recorrido con una piedra azul que apoyó con suavidad dentro de la cavidad de su ombligo. Luego tomó otra plateada, de grandes eslabones, acomodó cada uno de sus extremos sobre los bordes salientes de sus caderas, marcando una línea divisoria entre la pequeña redondez central del vientre y su tupida y negra filigrana, sobre la que apoyó un delicado prendedor que reproducía una rosa con piedras en forma de pétalos. Apoyó las manos sobre cada uno de sus muslos y con suma suavidad los separó levemente, continuó acariciando sus piernas hasta llegar a los tobillos, levantó primero una y luego la otra y deslizó por ambas sendos collares que acomodó con delicadeza bordeando las rodillas.

Besó los dedos de sus pies, introduciendo luego un anillo en cada uno.

Ella, desesperada ya por el deseo, necesitando esa presencia que ocupara su espacio palpitante, no atinó a decir una sola palabra, cuando lo observó tomar su bolsito hippie, dirigirse hacia la puerta y cerrarla tras de sí.

CuauhtémocC

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12 comentarios en “El artesano”

  1. Sábado, 18 Septiembre 2021 00:24

    Tuve un déjà vu, como si hubiera leìdo este cuento antes, Edith.

    Bien logrado el tono erótico desde el principio hasta el final (sobre todo el final con esa piernas así) y ni cómo ayudar estando tan lejos desde este lado de la pantalla. Creo que le sobraron los diez años a la dama, pero mejor para ella: los hippies no se bañan.

    1. Sábado, 18 Septiembre 2021 16:31

      Hola Fernando, gracias por leer y comentar, en cuanto a eso del "Deja Vú" quién sabe en qué habrás andado, pillín, jaja. Saludos

  2. Viernes, 12 Febrero 2021 02:21

    Muy buen cuento, Edith. Le solivianta la libido y la intriga a una, mientras va leyendo. Saludos. Lourdes

    1. Viernes, 12 Febrero 2021 07:27

      Hola Lourdes, qué bien leerte también por aquí, muchas gracias por comentar. Abrazo

  3. Martes, 26 Enero 2021 18:45

    Lo único que te podría decir es: Qué bajon. Y que artersano metido únicamente en lo suyo y no en lo tuyo. Muchas veces las cosas son así. No lo olvidaras en toda la vida. Qué delicadeza.

    1. Sábado, 30 Enero 2021 04:39

      Hola Hernán, muchas gracias por comentar. Saludos

  4. Viernes, 15 Enero 2021 16:04

    ¡Pobre María! La dejo adornada y alborotada, ese hombre no tendría corazón ni sexo! Bue... al menos le dejo de regalo todas las artesanías. Muy buen cuento.

    1. Viernes, 15 Enero 2021 16:32

      jajaja, es cierto por lo menos eso, gracias por leer y comentar, un abrazo.

  5. Viernes, 15 Enero 2021 14:06

    Hola Élida, muchas gracias, abrazos.

  6. Viernes, 15 Enero 2021 12:58

    Muy bueno Edith! Saludos!

     

  7. Viernes, 15 Enero 2021 12:11

    Hola Pablo, gracias por tu comentario y sí tenés razón, ¡qué desesperación!, jaja. Saludos Edith

     

  8. Viernes, 15 Enero 2021 09:20

    ¡Uy que desesperación! Ese hombre era una artesanía sin sentimientos. Muy Bueno Edith. Felicidades.

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