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Abuelas tan solo hay dos

Drama
Abuelas tan solo hay dos

La cuchara que transportaba la sopa se introducía en su boca a intervalos regulares, mientras el joven observaba con ternura a la anciana que le daba de comer.

—Gracias, abuela —le decía tras cada viaje, clavando su mirada en los ya cansados ojos.

—Sabes que estoy aquí para eso, hijo; no tienes que darme las gracias –era la invariable respuesta que recibía de la viejecita.

Acabada la ingesta, que adicional al espeso caldo había incluido un trozo de carne acompañado de crujientes papas fritas, la anciana mujer colocó una almohada para que Fermín reposara con comodidad, besó con dulzura su frente y sintonizó el televisor en el canal deportivo que ella sabía era el preferido de su nieto.

—¿Cómo lo ves, Francis? ¿Comió bien?—preguntó Isabel a su consuegra al verla entrar en la cocina cargando una bandeja en la que transportaba la vajilla y los utensilios que había empleado para dar el almuerzo a Fermín.

—Bien; bien. Lo noto tranquilo. Creo que superará este trance rápidamente. No le queda más remedio que acostumbrarse a su nueva situación —respondió Francis, poniendo los trastes en el fregadero y colocando la bandeja sobre la mesa de la cocina.

21 Luis—¿Qué crees que pasará? —preguntó a Isabel, luego de aposentar su frágil humanidad sobre uno de los bancos que rodeaban la mesa.

—A decir verdad no lo sé... al menos con certeza. No le faltará nada y le sobrará cariño, de eso estoy segura —respondió la también anciana señora, unos pocos años menor que su interlocutora, pero de cabellos tan blancos y piel tan rugosa como las de esta.

Luego de unos segundos de silencio, Francis tomó la palabra:

—Desde el accidente, nuestra vida se ha convertido en una charada. Gracias a Dios podemos encargarnos de la situación por ahora, ya que ambas gozamos de buena salud y no pasamos privaciones; pero no me imagino qué pasará dentro de algunos años, cuando los achaques y la arteriosclerosis hagan pasto de nosotras.

—Por ahora eso no me preocupa —respondió Isabel—. Lo que sí me inquieta es su salud mental. ¿Cuánto tiempo piensas que podrá pasar así, en esas condiciones? Fermín es muy joven.

—Lo superará… lo superará, ya vas a ver. Yo tengo plena confianza en que lo superará. Las muertes de Armando y Leslie nos afectaron a todos, no solo a él. Además de ser sus padres eran tu hijo y mi hija. A nosotras también nos ha perturbado su desaparición, pero aquí estamos y aquí seguiremos hasta que Dios quiera. No podemos echarnos a morir, y él tampoco —replicó Francis con vehemencia.

—Tienes razón —concluyó Isabel—. Anda, ve a acompañarlo, que yo friego estos corotos y después me les uno. Tenemos que mantenerlo distraído.

Un terrible sonido hizo temblar las paredes. Alguien había derribado la puerta de acceso a la casa. Las ancianas cruzaron sus miradas, asustadas y confusas.

Un par de segundos después entraban en la cocina dos extraños personajes que apuntaron con armas largas a las viejecitas, que se abrazaron temerosas.

—¿Dónde está el joven? —preguntó un tercer personaje que en ese momento hizo su aparición portando una pistola en la mano derecha.

—Aaaarriba, señor, en su cuarto, pero por favor no le haga daño —respondió de inmediato Isabel.

—Acompáñenme, señoras —dijo el individuo poniéndose a un lado de la puerta para que las ancianas pasaran.

Isabel comenzó a caminar hacia la habitación de su nieto, mientras Francis, boquiabierta y con los ojos que parecían escaparse de sus órbitas, se quedó inmóvil viendo a los visitantes que no dejaban de apuntarlas.

—¡Las dos! Por favor señora, usted también —exclamó el hombre de la pistola dirigiéndose a la rezagada en un tono que no dejaba lugar a réplica.

Una vez en la habitación de Fermín, los policías procedieron a retirar las correas y mecates con las que el joven había sido fuertemente atado a su cama.

Luego de estirar sus músculos y desperezarse, el recién liberado se dirigió hacia sus dos abuelitas.

—Lo siento, realmente lo siento —dijo al abrazarlas con ternura y depositar un beso en la frente de cada una de ellas.

Al igual que los de Fermín, los ojos de ambas ancianas comenzaron a humedecerse.

—Tú no puedes salir, hijo, tienes que permanecer en casa. Tus padres nos dijeron que ya regresaban y ya ves lo que les pasó. Mientras estés aquí con nosotras estarás a salvo. Queremos cuidarte... protegerte para que no te pase nada malo. Si supieras lo que padecimos Isabel y yo la última vez que saliste, nos entenderías. Estuvimos con el alma en un hilo hasta que regresaste. Ya hemos sufrido bastante con haberlos perdido a ellos para que a ti te pase lo mismo —dijo Francis, recordando el momento en que la pareja se despidió de ellas para ir a una fiesta, pocas horas antes de que les comunicaran que ambos habían fallecido en un accidente de tránsito.

—La vida debe seguir, abuela. Lo que les sucedió a papá y mamá fue un lamentable accidente que nos ha hecho sufrir a todos, pero eso no es motivo para que me encierren de por vida —le respondió Fermín.

En ese momento entró en la habitación la novia del joven, quien había puesto una denuncia ante las autoridades locales después de intentar sin éxito, durante varios días, comunicarse con él.

—Abuelas, nosotros las queremos mucho... espero que lo entiendan —les dijo con dulzura la muchacha antes de refugiarse entre los brazos de Fermín.

 

Luís Gutiérrez G.

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2 comentarios en “Abuelas tan solo hay dos”

  1. Martes, 31 Agosto 2021 00:51

    Bueno. Ese par de abuelas no se andan con medias tintas al expresar su amor al nieto.

    1. Martes, 31 Agosto 2021 18:52

      Agradecido por tu lectura y comentario, Fernando. Un saludo. 

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