Edición de noviembre
Año 1 - Número 12

Números anteriores:
Nº 1 - diciembre
Nº 2 - enero
Nº 3 - febrero
Nº 4 - marzo
Nº 5 - abril
Nº 6 - abril
Nº 7 - junio
Nº 8 - julio
Nº 9 - agosto
Nº 10 - septiembre
Nº 11 - octubre

Microlecturas

  • Los árboles 

    Pues somos como troncos de árbol en la nieve. Aparentemente yacen en un suelo resbaladizo, así que se podrían desplazar con un pequeño empujón. Pero no, no se puede, pues se hallan fuertemente afianzados en el suelo. Aunque fíjate, incluso eso es aparente.

    Franz Kafka

  • Una fábula breve 

    —¡Ay! —dijo el ratón—, el mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan amplio y era feliz de poder ver, al fin, en la lejanía, muros a derecha e izquierda, pero esos muros tan largos comenzaron a cerrarse con tal rapidez, uno detrás de otro, que ya me encuentro en la última habitación, y allí, en el rincón, está la trampa en la que caeré.
    —Sólo tienes que cambiar de dirección —dijo el gato, y se lo comió.

    Franz Kafka

  • El próximo pueblo 

    Mi abuelo solía decir: «La vida es asombrosamente corta. Ahora se comprime tanto en mi recuerdo que apenas comprendo cómo un hombre joven puede decidirse a cabalgar hasta el próximo pueblo sin temer —dejando aparte casualidades desgraciadas— que el tiempo de una vida normal y feliz pueda alcanzar para semejante viaje».

    Franz Kafka

  • Una comunidad de infames 

    Érase una vez una comunidad de infames, es decir no se trataba de infames, sino de personas normales, del tipo medio. Siempre se mantenían juntos. Cuando, por ejemplo, uno de ellos cometía alguna infamia, es decir nada infame, sino algo normal, como es habitual, y se confesaba ante la comunidad, entonces ésta investigaba el caso, lo juzgaba, hacía penitencia, perdonaba y otras cosas parecidas. No hay que interpretarlo mal, los intereses del individuo y de la comunidad se respetaban con severidad y al penitente se le administraba el complemento, cuyo color de fondo había mostrado. Así se mantenían siempre juntos; aun después de la muerte no renunciaban a la comunidad, sino que subían al cielo en corro. En general, la impresión que daban al volar era de la más pura inocencia infantil. Pero como ante las puertas del cielo todo se descompone en sus elementos, caían en picada como bloques de hormigón.

    Franz Kafka

  • El deseo de ser un indio 

    Si pudiera ser un indio, ahora mismo, y sobre un caballo a todo galope, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el suelo oscilante, hasta dejar las espuelas, pues no tenía espuelas, hasta tirar las riendas, pues no tenía riendas, y sólo viendo ante mí un paisaje como una pradera segada, ya sin el cuello y sin la cabeza del caballo.

    Franz Kafka

  • De noche 

    Sumirme en la noche. Del mismo modo en que algunas veces se inclina la cabeza para pensar, sumirme por completo en la noche. Alrededor duermen los hombres. Pero es una pequeña comedia, una inocente ilusión, eso de que duerman en casas, en sólidas camas bajo techos seguros, estirados o acurrucados sobre los colchones, con sábanas y mantas; en realidad se han encontrado todos, un incontable número de personas, un ejército, un pueblo, como una vez antaño, y como lo harán en el futuro, en una zona desértica, un campamento al aire libre, bajo el frío cielo y sobre la fría tierra, arrojados donde habían permanecido en pie, la frente presionada contra el brazo, el rostro contra el suelo, respirando tranquilamente. Y tú despiertas, eres uno de los vigilantes, encuentras al próximo al atizar las brasas del montón de ramas secas a tu lado. ¿Por qué velas? Uno debe velar, se dice. Uno tiene que hacer acto de presencia.

    Franz Kafka

  • La verdad sobre Sancho Panza 

    Sancho Panza, quien, por lo demás, nunca se ha gloriado de ello, consiguió después de muchos años, en las horas nocturnas, mediante la lectura de una gran cantidad de novelas de caballerías y de bandidos, apartar de sí de tal modo a su demonio, al que posteriormente bautizó con el nombre de Don Quijote, que éste se dedicó a realizar las acciones más locas y absurdas, las cuales, al carecer de un objeto predeterminado, pues éste tendría que haber sido Sancho Panza, no causaron daño a nadie. Sancho Panza, un hombre libre, siguió indiferente, tal vez sólo por cierto sentimiento de responsabilidad, a Don Quijote en sus aventuras y sobre ello sostuvo una gran y útil conversación hasta su final.

    Franz Kafka

  • K era un gran prestidigitador 

    K era un gran prestidigitador. Su actuación era un poco monótona, pero, a causa de su gran seguridad, poseía una gran fuerza de atracción. Por supuesto que me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi su actuación, aunque ya han transcurrido veinte años y yo era un jovencito. Llegó hasta nuestra pequeña ciudad sin anunciarse previamente y organizó la función para la primera noche del día en que llegó. En el gran comedor de nuestro hotel se había dejado un amplio espacio libre alrededor de la mesa, en el centro de la estancia. En eso consistió toda la preparación teatral.
    Recuerdo que la sala estaba llena a rebosar, bueno, a un niño le parecen llenos todos los espacios donde arde alguna vela, se escuchan susurros de adultos, un camarero va y viene, y otras cosas semejantes. Tampoco sabía por qué había venido tanta gente a una representación aparentemente tan precipitada. Es evidente que ese supuesto lleno de la sala juega un papel decisivo en el recuerdo que me dejó la actuación.

    Franz Kafka

El ladrón honrado

Fiódor DostoievskicPsicologico

Fiódor Dostoievski

(Moscú, 1821-1881, San Petersburgo)
Cuento publicado en 1848

iconoLeer48


El elíxir de la larga vida

BalzaccFilosofico

Honoré de Balzac

(Tours, 1799-1850, París)
Cuento de 1830

iconoLeer48


El barril de amontillado

Misterio
Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

(Boston, 1809-1849, Baltimore)
Cuento publicado en 1846

Leer...

Ernesto de Tal

Misterio
Machado de Assis

Joaquim Machado de Assis

(Río de Janeiro, 1839-1908)
Cuento de 1871

iconoLeer128x48 2


El almohadón de plumas

Horacio QuirogacTerror

Horacio Quiroga

(Salto, Uruguay 1878-1937, Bs. As.)
Publicado en 1917

iconoLeer128x48 2


Parker Adderson, filósofo

Ambrose BiercecFilosofico

Ambrose Bierce

(Ohio, 1842-1914, Chihuahua (?), México)
Cuento de 1891

iconoLeer48


Una idea mediocre

FantásticoGuillaume Apollinaire

Léon Bloy

(Francia 1846 - 1917)
Cuento publicado en 1894

iconoLeer128x48 negro



El poeta resucitado

SurrealistaGuillaume Apollinaire

Guillaume Apollinaire

(Roma, 1880-1918, París)
Cuento publicado en 1916

iconoLeer128x48 negro



Compartir

Suscríbase:

Al suscribirse, usted recibirá a mediados de cada mes un email con los enlaces de acceso y descarga de la nueva edición.

Contáctenos

Dirección:
alvaro@cuentosenred.com
 
Administración:
admin@cuentosenred.com
 
Consejo editorial:
ce@cuentosenred.com
 
Webmaster:
webmaster@cuentosenred.com
 

Nuestros autores

Logo 610x170 claro
Patricia Licciardi Edith Vulijscher Eréndira Corona
Servando Clemens Federico Ochoa Luis Gutiérrez González
Samir KarimoÁlvaro Díaz
¿Aún no tiene cuenta? ¡Regístrese ahora!

Ingresar