Un buen cuento siempre a la mano

Edición de junio
Año 1 - Número 7

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Nº 1 - diciembre
Nº 2 - enero
Nº 3 - febrero
Nº 4 - marzo
Nº 5 - abril
Nº 6 - abril

Microlecturas

  • Máquina roja 

    Un primero de febrero durante la mañana fría del crudo invierno ruso, el tren transiberiano hizo la primera de una serie de breves paradas, que ayudarían a revivir una estación muy apartada en el pequeño poblado de Poyakonda. Ahí, su corazón de metal chirrió de emoción al ver que le aguardaba la pequeña Karina Kozlova, única pasajera, quien, al ver llegar a la Máquina Roja, contempló su futuro de pie junto a las viejas vías que la llevarían, cada día, hacia su nuevo destino en una escuela de San Petersburgo.

    Eréndira Corona

  • La espera 
    Parece un mal sueño. Lo frío y rígido de su cuerpo me enloquecen ¡No lo soporto!
    El vestido que la cubre, con pocos vestigios de su blanco original, luce acartonado; quizás producto de los humores, ya secos, que la descomposición de sus partes blandas le brindaron.
    La tez de su rostro, en vida blanca y tersa, ha adquirido un color parduzco y muestra infinitas arrugas; como si su existencia se hubiese prolongado por más de cien años. Me entristece pensar que solo tenía diecinueve el día de nuestra boda, cuando me vi obligado a quitarle la vida, al descubrir que no era su primer hombre.
    Pero permaneceré aquí, junto a ella, inquieto y ansioso, mirando fijamente las cuencas que una vez habitaron sus ojazos negros… esperando que regrese para iniciar juntos un nuevo camino.
    No la he abandonado ni por un instante desde aquel terrible día; por eso estoy seguro de que en una nueva oportunidad seré su primer amante.

    Luis Gutiérrez González

  •  Ánimas 

    A media noche, mi abuela sacudió la hamaca donde yo dormía y, después de verme abrir los ojos en medio de mi sueño profundo, me preguntó:
    “Hijo, de casualidad ¿tú le prometiste algo a las santas ánimas?”
    Más dormido que despierto, traté de recordar y le respondí que sí, me volvió a sacudir la hamaca y me dijo:
    “Entonces, levántate y págales la promesa que les hiciste. Llevan rato tocándote la ventana”.
    Me senté en el borde de la lona, hice un padre nuestro adormilado y las ánimas dejaron de golpear las ventanas de la casa, pero me prometí no volver a pedirles un favor. Esas no eran horas para llegar a cobrar.

    Federico Ochoa

  • Invento 
    Este año en la exposición de inventores, expuse mi máquina para captar cómo somos vistos por los demás, solo recibí maldiciones de los que la probaron.
    No volví a entrar en ella.
    Creo que la destruiré.
    Edith Vulijscher
  • De los pies a la cabeza 

    El narcotráfico se tragó a mi ciudad. Casi todos éramos parte del crimen organizado y el gobierno era la cabeza del corporativo. Personas como yo o como mis parientes, éramos los pies descalzos del régimen.
    Moría de hambre. Me dieron un arma para trabajar. Esa noche maté a un político a cambio de una cena.
    Mientras comíamos en un puesto de perros calientes, el tipo que me había contratado recibió un disparo en la nuca, a quemarropa. La gente siguió comiendo como si nada, con la ropa salpicada de sangre y con el cadáver tibio a sus pies.
    —Entonces, joven, ¿quién pagará lo del difunto? —me preguntó el encargado.
    —Yo ni lo conozco —dije. Y me largué, mientras los presentes revisaban los bolsillos del asesinado.

    Servando Clemens

  • Isla infernal 

    En aquella isla el demonio Belcebú con sus cuernos afilados creaba zombiros e iblisias.

    Samir Karimo

  • Cuando un cambio se precipita 
    Mi mente se había ensanchado por pensamientos angustiantes y su peso se hizo tan abrumador que necesitaba liberarme de ellos.
    Salí de la oficina con una determinación. Subí el último tramo por la escalera del rascacielos que parecía un faro esbelto y brillante en el mar de edificios que competían por su grandeza.
    Llegué a la terraza, necesitaba tomar aire en el punto más alto y despegar de una vez. A esta altura lo único que registraba era mi cabeza.
    Los pensamientos salieron por fin de la jaula de mi mente y convertidos en pájaros libres se precipitaron al vacío.
    Al día siguiente llegué al trabajo, sereno, porque mis ideas habían encontrado un rumbo. Tengo además la convicción de que ahora mi cuerpo tiene peso.

    Patricia Licciardi

Cronos

Patricia Licciardi PatriciaFilosoficoPsicológicoDrama
 Licciardi

CronosSus pies tocan el piso con un ritmo lento para dar el envión a la silla hamaca de su abuela que había heredado su madre, y después ella.
  No puede aprovechar ese movimiento para desprenderse de la butaca, que a esta altura se encuentra en íntima unión con su cuerpo....

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Bartleby, el escribiente

Herman Melville

Herman Melville

(New York, 1819 -- 1891)
Cuento filosófico

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Los muertos

James Joyce

James Joyce

(Dublín, 1882 -- 1941, Zúrich)
Cuento psicológico

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Solo pasa en las películas

Edith Vulijscher EdithHumor
 Vulijscher

El faro

  Subí al avión rogando que no me tocara una compañera de asiento conversadora, pero cuando la vi, hermosa, y ubicada al lado de mi lugar deseé que ella no estuviera pidiendo lo mismo.
Mi fantasía despegó antes que el avión. Tenía a mi favor casi doce horas de vuelo y un aspecto que había logrado...

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Mi trompo mágico

Federico Ochoa FedericoFantástico Ochoa
 
La suerte del sapo
Me acuerdo que esa mañana perdí la merienda que, con todo el amor del mundo, me había guardado en el bolso Luz María, mi mamá, una mujer de líneas delgadas, corazón infinito y fe inquebrantable. Mi trompo no giró con suficiente fuerza y al chocar con el otro, el súper trompo de Mario, uno que era de guayacán y con punta de acero, fue a dar al...

La hija del minotauro

Eréndira Corona EréndiraSurrealista 
 Corona

La hija del minotauro

Recorrimos durante días y noches los senderos del laberinto, buscando el modo de salir de sus caminos empedrados y sinuosos, rodeados de flores y espinas. Pero, sin darnos cuenta, en nuestro afán de encontrar una salida, más bien fuimos a dar hasta lo que parecía ser su centro. Ya estando ahí, hallamos la entrada a una escalera que...

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El primer día de clase

Gerardo VázquezGerardoPsicologicoDrama
Vázquez

Escritor invitado

El primer día de clase

Al sonar el timbre, los niños avanzan con paso de oruga, en formación militar. Uno de ellos sale de la fila. La brisa sacude las hojas de los árboles y le da invisibles lametones en el pelo. El niño comienza a saltar desde la rampa al patio y del patio a la rampa, ignorando la llamada de la maestra...
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Sredny Vashtar

Saki

Saki (Hector Hugh Munro)

(Birmania, 1870 -- 1916, Francia)
Cuento fantástico

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La casa inundada

Felisberto Hernández

Felisberto Hernández

(Uruguay, 1902 -- 1964)
Cuento fantástico

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Vía crucis

Luis Gutiérrez González Luis GutiérrezDramaHumor
 González

Vía crucis

  Lo logré. Un largo salto y un estirón me permitieron asirme de un tirador, me imagino que puesto allí para situaciones como la vivida por mí en ese momento, y colocar el pie en el estribo de la puerta del colectivo que ya iniciaba movimiento...

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Polvo somos

Servando Clemens ServandoDramaMisterio 
 Clemens

Sueño eterno

 Esa tarde de abril venía caminando desde la iglesia, y lo primero que observé al llegar a casa, fue el cadáver de Pelusa encima del felpudo. Sus patitas tiesas apuntaban hacia la puerta. De su boca aún salía espuma. Los ojos estaban cubiertos por una tela de lágrimas, lo cual me indicaba que sufrió. Sé que la perrita no era mía, pero...
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Dulcinea, una chica nada normal

Samir Karimo SamirTerror Humor
 Karimo

La rosa del desierto

 La gachí a la que quiero se llama Dulcinea. Tiene una mirada mortal y un beso letal, tiene también un requete “mostr…” y… Pero, ¿qué pasa aquí? ¡Pírate, Sancho! No tienes nada que ver con este corto relato.
Bueno, vamos al grano...

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Símbolos de papel

Álvaro Díaz ÁlvaroDramaHumor 
 Díaz

Símbolos de papel

El Tito era todo un filósofo, y hasta tuvo una de esas muertes trágicas reservadas a los grandes de la disciplina. Lástima que los académicos no supieran del titismo y su doctrina se haya perdido, pero desde su mesa del bar Smidel, atendiendo un puesto de canje de libros y revistas por la ventana entreabierta,, trascender al ámbito intelectual era imposible....
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El día no restituido

Giovanni Papini

Giovanni Papini

(Florencia, 1881 -- 1956)
Cuento fantástico

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