Un buen cuento siempre a la mano

Edición de julio
Año 1 - Número 8

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Nº 1 - diciembre
Nº 2 - enero
Nº 3 - febrero
Nº 4 - marzo
Nº 5 - abril
Nº 6 - abril
Nº 7 - junio

Microlecturas

  • Petra enamorada 
    Es pequeña, sin aristas, lisa y brillante y cada vez que se ubica junto a Él parece que su brillo aumentara. Lo ama y siempre consigue, de una u otra forma, seguirlo y mantenerse cerca.
    A veces se amolda con disimulo dentro de su sandalia en un lugar donde su pie no pueda rozarla, así pasa desapercibida; otras, procura enredarse en alguna costura de su túnica o, como ya aprendió a saltar, ocultarse en un bolsillo.
    Hoy se acomodó en el suelo para observar de cerca lo que Él escribirá, también ama sus enseñanzas, pero cuando llegó el grupo que a los gritos reclamaba castigo para la adúltera, comenzó a temblar; no le molesta que la pisen, es fuerte, lo resiste y eso forma parte de su ser en la tierra, pero que la arrojen para provocar dolor, eso no, eso le duele a ella mucho más.
    De modo que al escuchar las palabras desafiantes, retrocede en un intento por ocultarse y no ser la primera elegida, pero al ver que ninguno se mueve respira aliviada.
    Edith Vulijscher
  •  Bolívar 

    Entonces, Bolívar se sacudió las palomas que le cagaban la cabeza, se bajó con cuidado del peldaño que lo alzaba por encima de todo lo demás de aquel parque pueblerino. Miró hacia un lado y hacia el otro. Y se recriminó:
    —Definitivamente, todo está peor que antes.
    Y le comenzó a preguntar a los transeúntes sorprendidos hacia dónde quedaba el Ecuador, con la esperanza de encontrar a alguna estatua de Manuelita, que aún lo estuviera esperando, para recuperar el tiempo en vez de perderlo otra vez con patrias bobas y desagradecidas.

    Federico Ochoa

  • Luna llena 

    Las noches de luna llena los licántropos se convertían en zombiros y devoraban vegetales.

    Samir Karimo

  • A la deriva-ción 
    Avanzo por las aguas y me hundo profundo, confundo, fundo conciencia. Cien, cientos como peces, emergen las palabras. Abracadabra. Abra cada camino inhóspito, insólito, solito, soltado a la deriva va mi ser, res, todos rezan, vuelto a nacer, renacer, renaciendo, siendo. Siento miedo. En el medio de las aguas bautismo claudicado. Claros caracoles en la costa, asolados, solos, resisten. Tengo nublada la vista. La vida lavada, elevada. Eva y Adán. La bebo de un trago, tragando de a tramos. Tramas que atrapan promesas profundas. Fundo la prosa que osa dejarme. Me deja, me aleja, se aleja…

    Patricia Licciardi

  • Qué susto 
    La inyección hizo su efecto en el tiempo previsto. Antes de caer en un sueño profundo observé por última vez las caras de quienes me rodeaban. Todos mostraban rostros severos y una tiesura que me espantaba. Me despedí en silencio de cada uno de ellos.
    Desperté solo, adolorido y sin poder pronunciar palabra. No sabía dónde me hallaba. Por un momento pensé que las estadísticas se habían confabulado en mi contra y que ya formaba parte del ínfimo porcentaje de quienes, debido a la cirugía, quedaban disminuidos para siempre.
    Me mantuve en ascuas hasta que la cara de mi esposa apareció, y luego de rozar sus labios con los míos, mostró la pícara sonrisa que yo tan bien conocía y me susurró al oído: “Todo está bien, mi amor. La circuncisión fue todo un éxito”.

    Luis Gutiérrez González

  • Negligencia 

    Por la rendija de la puerta de su celda, la anciana asomó sus timoratos ojos y preguntó:
    —¿Cuánto me falta para cumplir mi condena?
    El carcelero dejó de leer su revista de indios y vaqueros, y con su típica indolencia revisó la lista de reos en una libreta de hojas amarillentas.
    —Veamos, señora, qué tenemos por aquí. ¡Bendito Dios! Usted debió salir hace más de cuarenta años.
    —¿Qué dice, joven?
    —Disculpe, viejita. Nos habíamos olvidado de avisarle. Ya sabe cómo son de engorrosos los trámites burocráticos.

    Servando Clemens

  • El insomnio de Alicia 

    Extendió sus brazos y piernas, hasta intentó contar
    ovejas. Pero nada funcionaba...
    Sentada sobre la orilla de la cama, los ojos con sus manitas se
    frotaba. Tomó su conejo blanco de peluche, se paró de puntillas
    y caminó con sigilo hacia la ventana.
    ¡Oh sorpresa, sorpresa!, no podía creer lo que sus ojos divisaban,
    un enorme pez dorado que atento la observaba.
    —¿Me habré quedado dormida sin darme cuenta y estaré soñando? —Incrédula se preguntaba— ¿O quizás... solo quizás... soy yo la que en realidad se encuentra aquí encerrada?

    Eréndira Corona

En honor a la verdad

Álvaro Díaz ÁlvaroDramaFantástico 
 Díaz

En honor a la verdad

En un palacio de Tus, cuna de sabios y poetas, cinco siglos antes de que Hamete Benengeli soñara real el delirio de Alonso Quijano, Abū Ḥāmid Muḥammad al-Ghazālī soñó una estrella extinta que aún brillaba señalándole a él (solo a él) una gruta oculta a los ojos de los hombres que abrigaba la Verdad omnímoda y eterna. En su sueño, al-Ghazālī descifró el arcano...
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El color del espacio exterior

H. P. Lovecraft

H. P. Lovecraft

(Providence, 1890 - 1937)
Ciencia Ficción

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El disparo

Aleksandr Pushkin

Alekandr Pushkin

(Moscú, 1799 – 1837, San Petersburgo)

Publicado por primera vez en 1831

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El sendero bajo el agua

Eréndira Corona EréndiraFantástico 
 Corona

El sendero bajo el agua

Xia-Ling se acercó al estanque, tomó asiento a un lado y se inclinó ligeramente para contemplarlo. El espejo de aguas claras le presentó primero un rostro pálido y hermoso que alcanzó a reconocer. Luego, superada la barrera de Narciso, prestó atención a lo que se movía bajo los destellos de la superficie. Eran peces...
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Punto final

Servando Clemens ServandoFantásticoDrama 
 Clemens

Punto final

Llegué al establecimiento de costumbre. Pedí un café sin azúcar. Me senté en una mesa que estaba pegada a la ventana para admirar el cielo plomizo. Me puse nostálgico al ver a los grajos que estaban parados en los cables eléctricos. Tuve ganas de llorar por algún recuerdo antes olvidado. Miré un avión que atravesaba el horizonte...

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El intruso

Luis Gutiérrez González Luis GutiérrezDrama
 González

El instruso

  Abrió los ojos. Su sueño había sido interrumpido por un sonido casi imperceptible. Aguzó su oído... silencio.
La modorra lo envolvió de nuevo; sus párpados se cerraron. Morfeo volvía a hacer acto de presencia.
Otra vez; un sonido aún más sutil que el anterior. Abrió los ojos y decidió levantarse para averiguar su origen...
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La visita del señor Ezequiel

Federico Ochoa FedericoDrama Ochoa
 
La visita del señor Ezequiel
Celso Herrera, al escuchar los dos golpeteos secos en la entrada, dobló el periódico, levantó su delgada existencia del taburete y caminó hasta la puerta, quitó la tranca de madera que la aseguraba y la abrió mientras pensaba que las malas noticias siempre madrugan más que cualquier otro anuncio.
—Buenos días Sr. Celso...

Una casa encantada

Una  casa encantada

Virginia Woolf

(Londres, 1882 – 1941, Río Ouse)

Publicado por primera vez en 1921

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El hombre de la sesera de oro

Alphonse Daudet

Alphonse Daudet

(Nimes, 1840 – 1897)
Versión de 1866

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El encuentro

Edith Vulijscher EdithDramaRomantico
 Vulijscher

El encuentro

 Una vez más pasó delante del cuarto vacío y le volvió a rondar la misma idea.
Es el cuarto del hijo emigrado, la computadora le hace guiños; sus cantos de sirena le prometen mundos nuevos, ventanas por abrir, gente por conocer, encuentros anónimos. Duda: ¿podría volver a sentirse apasionada?...

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El intruso

Patricia Licciardi PatriciaDramaPsicológico
 Licciardi

CronosHabito un espacio confortable construido con ladrillos sólidos y que forman un borde nítido para separarme de todo aquello perturbador que quiero fuera de mi existencia. Mi casa es hospitalaria solo con los huéspedes que no representan una amenaza, y si pese a los esfuerzos algo indeseable se filtrara por los...
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El estudiante de Salamanca

Samir Karimo SamirTerror 
 Karimo

El estudiante de Salamanca

 Me garbeaba por Salamanca cuando algo raro pasó. Estaba en la Plaza Mayor cuando veo una luz distinta a las demás que me pedía que siguiera. Y así lo hice. Recorrí sus arterias principales: vi a Gonzalo Torrente Ballester bebiendo su café en Café Novelty, escribiendo las nuevas andaduras de Carlos Deza, y...

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Los tigres del mar

Emilio Salgari

Emilio Salgari

(Verona, 1862 – 1911, Turín)

Aventura de mar

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